De escuela y familia republicana

La cultura del esfuerzo que le transmitieron labró el carácter de la exconcejala


ourense / la voz

Nació en 1954 de una familia «con mentalidad de principios republicanos», dice Ana María Garrido Rodríguez. En su casa escuchó que lo más importante eran los estudios para «os nenos e as nenas» y que allí preferían «fillos ilustres e pobres que terratenentes ricos e ignorantes». Esa lección la aprendió de sus parientes y de sus maestros. Recuerda con especial cariño su etapa en el colegio Sueiro y por ese motivo escoge la Alameda como su rincón preferido. Allí corría y jugaba al brilé con sus compañeros, pero sobre todo aprendió la cultura del esfuerzo. «Sabía que para conseguir algo tenía que estudiar mucho, que trabajar mucho. Aquello me marcó muchísimo y esos valores se me quedaron grabados. Cuando fui a la universidad a Santiago no entendía la mentalidad de algunas compañeras, que parecía que no iban allí a estudiar, sino a otras cosas», cuenta.

Cuando llegó el momento de elegir carrera, la joven Ana Garrido dudaba entre Filosofía y Letras y Medicina y acabó optando por la primera opción. Se especializó en Geografía y, teniendo en cuenta sus antecedentes formativos, no extraña descubrir que su destino estaba en un aula. Estuvo un año en el sector privado, pero en 1979 se presentó a unas oposiciones y desde entonces trabaja en la educación pública. Estuvo en el instituto de O Couto (cuando se ubicaba en lo que hoy es la escuela de gaitas de la Diputación, en el campus universitario) y en otros centros de O Carballiño y de la capital ourensana.

Desde hace años está en el IES Blanco Amor, un instituto «con muy buenos profesionales». Ella está plenamente implicada en la comunidad educativa y recientemente acompañó a sus alumnos a una excursión a Oporto. «¡A mi edad!», exclama Ana Garrido, que confiesa que los chavales no la dejaron dormir. «Tengo mucha suerte con mi trabajo. Por eso les digo a mis alumnos que lo más importante es que hagan lo que les guste porque solo así podrán ser felices», explica la maestra que transmutó en concejala.

De su experiencia en el Concello de Ourense, a la que puso fin en las elecciones del año 2015, guarda algunos recuerdos positivos, pero también otros negativos. Dice que su obsesión a nivel personal fue «trabajo y más trabajo». De su infancia recuerda que iba sola al colegio y por eso como concejala de Educación quiso poner en marcha el programa del «camiño escolar». Dice que uno de los grandes éxitos del bipartito que el PSOE compartió con el BNG fue la humanización de las calles en los barrios. «Hemos pasado muy rápido de una sociedad muy próxima a otra más individualizada. Con proyectos como esos contribuimos a que la gente recuperase la calle como espacio de convivencia en los barrios», dice la exconcejala.

Pese a todo, Ana Garrido no esconde su malestar por los «tiempos convulsos» que se vio obligada a vivir en el Concello de Ourense, con muchos de sus compañeros investigados por la Justicia. Ninguno ha sido condenado, recuerda. «¿Todo eso para qué sirvió? Para que la derecha volviese a gobernar. Y lo han conseguido. A Áurea [la concejala de Urbanismo entonces] la mortificaron solo por poner orden», dice.

Sus orígenes están en el PC y, ahora desde el PSOE, añora aquella «fidelidad al líder»

Con su pasado familiar y formativo, no es de extrañar que Ana Garrido se movilizase políticamente. Y más, teniendo en cuenta que pasó por la universidad en Santiago en un momento de total efervescencia social. «En aquellos años todos los días había protestas o manifestaciones y era inevitable posicionarse, casi lo natural», explica ella, que recuerda que siempre fue del Partido Comunista.

Sin embargo acabó, como tantos otros, en el PSOE. Con ese partido llegó a ser concejala en su ciudad, pero del PC añora la «fidelidad al líder». Según dice, en Izquierda Unida las discusiones eran habituales pero «cuando se tomaba una decisión iban todos a una». Eso, a su juicio, no ocurre en el PSOE. En este sentido, Ana Garrido recuerda el derrocamiento de Pedro Sánchez como secretario general del partido. Ella apoya ahora al madrileño en las primarias socialistas, aunque no quiere opinar demasiado sobre las cuitas orgánicas del partido. «Yo aquí llegué a sumar. No tengo tradición, digamos, en la vida interna del PSOE», confiesa Garrido.

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