Un gran artista que precisa ayuda

«Yosso» quiere que la administración se haga cargo de su obra, y también de él


O BARCO / LA VOZ

Con 75 años y tras una azarosa vida que le llevó a vivir en varios países europeos y disfrutar de las mieles del éxito como un reputado pintor, José Porto -Yosso cuando firma sus cuadros y Xosé de Valbuxán en las tapas de sus libros- echa la vista atrás y se arrepiente. «Non debín dedicar tanto tempo á cultura, debín facer outras cousas; porque agora vexo que non teño nada», cuenta. Se refiere a su maltrecho estado de salud, y sobre todo, a la falta de recursos económicos. «Teño unha pensión moi pequena, e non me chega», señala un artista cuyos cuadros fueron elogiados por crítica y prensa especializada cuando vivía en París. «É a de Yosso unha obra de arte auténtica, enteiramente aparte, propia e persoal, que é o único xeito de selo tamén universal. Unha obra de proxección universal. Xenuína, enxebre, vasta e fundamentalmente humana, todo ao mesmo tempo. Sinceridade a peito descuberto», escribió de él Celso Emilio Ferreiro. Lo alabaron muchos. Pero ya casi nadie se acuerda de él.

Por eso, aunque reconoce cierto sonrojo al hacerlo, pide ayuda. Le gustaría que una administración o una fundación se hiciera cargo de su legado. En su casa en Valbuxán (O Bolo) todavía atesora medio centenar de cuadros que bien podrían estar colocados en un museo junto a las obras de Van Gogh y otros artistas del puntillismo. Pero no lo están. Se amontonan por las paredes de su casa, una vivienda vieja que precisaría de una reforma. Y la falta de conservación está haciendo mella en ellos. Una pena. Lo saben quienes tienen la suerte de compartir amistad con el artista y así acceder a la vivienda; y lo sabe Yosso. Tanto es así, que él, reacio como fue en otros tiempos a vender su obra -«Polos meus cadros xa me ofreceron moitos cartos» decía en La Voz en 2012, incluso cuando el Duque de Alba se encaprichó de uno de sus lienzos-, ahora está dispuesto a cederla a una fundación o a una administración que quiera hacerse cargo de ella.

Una operación en ciernes

De momento ha encomendado a su sobrino que se ocupe de su obra, pero le gustaría un sitio donde la gente pudiera disfrutar de sus cuadros. Y, también, por qué no, que a cambio se ocupasen de él. Enfermo, a final de mes deberá enfrentarse a una operación en el hospital de Vigo. Después, frente a lo que siempre quiso, no volverá a la aldea de Valbuxán. «Teño unha irmá que se vai facer cargo de min», señala. Así que cambiará su residencia a Vilariño de Conso. «Se volvo...», dice en referencia a su estancia en el hospital. No esconde su desánimo. «Isto acabouse, é o final», señala.

Habla de su fin con menos pesar que cuando habla del posible final de su legado. Tantos años entregados al arte que ahora parecen condenados a perderse. Y eso le duele. Porque además, es un prolífico artista que sigue trabajando. Como pintor hace años ya que no coge el pincel; pero sí conserva su faceta como escritor. Ultima su nuevo libro, un poemario que autoedita con mucho esfuerzo. Está con las correcciones. Quiere enviarlo a imprenta antes del hospital. «Por se non volvo», dice como una letanía.

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