«Las empresas no aprovechan el talento de los mayores»

La pedagoga de O Barco de Valdeorras se ha convertido en un referente en el ámbito de la formación. Contribuyó a impulsar desde sus inicios un congreso internacional que cumple 21 años y tiende puentes entre el mundo académico y laboral. En septiembre, en él se abordarán los problemas que tienen las personas de más de 45 años para encontrar empleo en un mundo cada vez más digitalizado


Redacción / La Voz

Margot Valcarce Fernández se define como una persona inquieta, creativa, ordenada y extremadamente disciplinada. Se olvida esta pedagoga de O Barco de Valdeorras, quien se ha convertido en un referente para formadores, de citar su espíritu emprendedor. La investigadora de la USC es de esas docentes capaces de dejar huella en sus alumnos y ha dedicado grandes esfuerzos a tender puentes entre el mundo académico y el laboral. Ejemplo de ello, es el Congreso Internacional Galicia e Norte de Portugal de Formación para el trabajo, que cumple en septiembre 21 ediciones abriendo camino en asuntos trascendentales y que ella contribuyó a impulsar desde su inicios; ahora, como presidenta del comité organizador.

-¿Siempre supo que quería dedicarse a la pedagogía?

- No. Mi vocación era ser periodista, desde niña. Me veía como reportera de guerra. Sí es cierto que siempre he tenido una vertiente altruista, filantrópica, muy de dedicarme a las cuestiones comunitarias. Pero ocurre que en mi época estudiar Periodismo implicaba irse a Madrid o Barcelona y para mis padres no era posible afrontar el gasto que suponía. Tengo una hermana mayor que estaba acabando la universidad y venía detrás de mí el menor. Había que buscar algo más cercano a O Barco y no estamos precisamente en el centro de Galicia ni disponíamos de los medios que hay ahora.

-El congreso aborda esta edición un tema crucial, que es cómo los mayores de 45 años se pueden reinsertar en un mercado laboral donde cada vez pesan más los conocimientos digitales.

-En este momento existe una brecha relacionada con el manejo de las nuevas tecnologías entre las personas más jóvenes y las mayores. Son dos colectivos preocupantes, por el alto desempleo. La situación del primero es algo sobre lo que se ha incidido mucho, pero los datos ponen de relieve que a partir de los 45 años salen del mercado muchas personas porque los empleadores no cuentan con ellas. Cerca de un 30 % afirman haber sufrido discriminación por su edad, según el INE. Es una contradicción querer alargar la vida activa desde el punto de vista de longevidad, al tiempo que se les excluye del mundo del trabajo. Y es cierto que buena parte del empleo de calidad se encuentra en estas edades, pero solo en ciertos sectores.

-¿En cuáles lo tienen más difícil?

-En los sectores que requieren un trabajo físico, sobre todo. Cuando se trata de trabajo intelectual o que requiere tomar decisiones, cuando se busca la experiencia cualificada, tener un recorrido o mandos intermedios, las personas de más edad son perfectamente capaces de hacer un desempeño eficiente. No hay ninguna razón para excluirlas, salvo los miedos que existen en el empresariado y en los empleadores, con los que también sería necesario trabajar para revertirlo.

-¿Se está minusvalorando el llamado talento sénior?

-Más que minusvalorar, se está ignorando. Las empresas no aprovechan el talento sénior y no estamos construyendo herramientas para valorarlo. Hay muchas políticas que incentivan la contratación de jóvenes, pero no de este colectivo. Es necesario volver a poner de manifiesto ese talento que se está perdiendo. No nos podemos permitir perderlo. Además, hay que tener en cuenta que en este país el acceso al empleo en condiciones de igualdad es un derecho fundamental. No puede ser que la edad cierre puertas.

-¿Cómo frenar ese edadismo?

-Es un fenómeno que no se ha estudiado. Hay muy poquitas evidencias en el ámbito de la investigación. Los mayores están interiorizando una sensación de fracaso frente a la inserción laboral. Esto genera frustración cuando les quedan 20 años o más de vida laboral y los propios seleccionadores dudan de que se pueda hacer algo al respecto. Romper este círculo exige formación como estrategia de cambio permanente y, desde la orientación laboral, trabajar con este colectivo la autoestima, el empoderamiento, para hacerles creer que todavía están en disposición de trabajar y aportar.

«Ser investigadora y conciliar la vida laboral significa multiplicar por mil las jornadas»

Valcarce pone en valor que en un congreso como el que impulsa colaboren dos instituciones de dos países del ámbito y público, como son la USC y el Instituto de Empleo de la Región Norte de Portugal. Se celebra alternativamente un año en territorio luso y otro en el gallego. En esta ocasión, será del 19 al 21 de septiembre en el auditorio santiagués de Afundación. La pedagoga explica que hablan de formación para el trabajo, más allá del empleo (regulado o no), para incluir todas las realidades laborales.

-¿La fuga de los veteranos de las empresas afecta a la transmisión de conocimiento a las nuevas generaciones?

-Es una cuestión que me preocupa y sobre la que me gustaría trabajar en el futuro. Las personas que llegan nuevas a una empresa, y esta es una reflexión personal, no tienen la perspectiva histórica cuando no quedan mayores. Tienen la sensación equivocada de que ellos están comenzando en todo, que están en un proceso de innovación permanente, aunque en realidad no es así. Solo incorporan la tecnología a prácticas que ya se hacían antes.

-¿Es más complicada la situación si hablamos de mayores y, además, mujeres?

-Por supuesto. En el caso de las mujeres hablamos de discriminaciones múltiples. Además del edadismo, hay una discriminación solo por el hecho der ser mujer.

-Se ha hablado de las dificultades que atraviesan las investigadoras, ¿las ha vivido?

-Yo no las he sufrido directamente, pero conozco a compañeras que sí. Es un hecho real. No nos hemos desprendido de aquellos encargos que nos hacían en el ámbito privado. Ser investigadora y conciliar vida familiar supone multiplicar las jornadas por mil. Hay ahí un trabajo escondido de las mujeres.

-Y como formadora de formadores de empresas y administración, ¿ha tenido que hacerse respetar entre los hombres?

-En este caso no, porque impartí clase mayoritariamente a mujeres. Tampoco he sufrido esa discriminación por parte de alumnos, a veces mayores que yo, ni tengo la percepción de convivir con micromachismos; si bien hay una feminización de las profesiones relacionadas con la educación, no así en los cargos de responsabilidad, pero poco a poco vamos ascendiendo.

O Castro, un lugar inspirador

Margarita Valcarce Fernández creció en el seno de una familia de clase media de la aldea de O Castro (O Barco de Valdeorras). Fue allí donde «nací y pasé mi infancia y adolescencia antes de irme a estudiar a Ourense, donde están enterrados mis padres, sin los cuales nunca hubiera sido posible aprender, madurar, despertar, y a donde regreso con frecuencia para reencontrarme con los recuerdos y emociones que nunca desearía olvidar. Su parte de atrás, es para mí el paisaje en el que más matices, belleza y descubrimientos sigo haciendo», dice la investigadora del grupo Gefil y docente del departamento de Pedagoxía e Didáctica de la USC. Ella defiende que los lugares de trabajo han de ser «espacios de convivencia intergeneracional que hay que construir cada día, compartiendo ideas, experiencia, energía, competencias y vida para hacer buenos productos o prestar servicios eficientes».

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