«En estos años hemos hecho de la clientela casi familia»

Los hermanos García López compraron en 1983 un negocio que han convertido en un referente hostelero


o barco / la voz

Nacidos en un pueblo de León, los hermanos García López llegaron a O Barco arrastrados por el mayor, Ramiro, que se había echado una novia en Valdeorras. Fue él quien propuso apostar por el oriente ourensano para buscarse la vida, y fue así como en 1983 él, Guillermo y Manolo se hacían con el Fernando III.

Compraron el local a un hombre llamado Fernando, que era el tercero de su familia con ese nombre. Ahí la explicación de la denominación del local, que los hermanos García decidieron mantener. «Era una cafetería de estilo inglés, pequeña y muy acogedora», recuerda Guillermo. Así continuó hasta 1989, año en el que decidieron hacer una reforma para poder ampliar los servicios. «Teníamos mucha clientela, así que aprovechamos para ampliar e hicimos restaurante con dos salas, una con capacidad para 100 personas y otra para 180», relata. «En aquella época había muy pocos restaurantes en O Barco, y sí mucha demanda; así que la idea era captar más clientes y dar otra opción», rememora. Y ahí siguen, treinta años después, explotando un formato que funciona. Asegura Guillermo que nunca se plantearon irse. «Empezamos fuertes, y al empezar bien, no decides cambiar; eso lo piensas cuando no te va bien», explica.

La cocina está especializada en carnes, pescados y mariscos, «todo fresco y muy bueno», dice Guillermo. Y ese es el secreto, reconoce. Asegura que su apuesta por la calidad del producto ha sido siempre su bandera, unido a un trato personal que les ha llevado a tener una clientela fiel «y algunos son casi como familia», asegura Guillermo orgulloso.

Estar enfrente del hospital comarcal es una baza para captar comensales. «Ayuda mucho, porque viene gente de todos los pueblos, tenemos un radio muy amplio; no solo de aquí, sino también de Casaio, Viana, O Bolo o El Puente de Domingo Flórez».

«No me lo esperaba»

Los hermanos García López fueron los homenajeados en la mención de honor de la Festa do Botelo, un reconocimiento que agradecen. «No me lo esperaba, fue una gran alegría; tenemos que dar las gracias a toda esa gente que se acordó de nosotros», decía Guillermo.

Eso sí, el día de fiesta también lo fue de trabajo. La Festa do Botelo llenó el restaurante, que ya hace días que colgó el cartel de completo para el sábado (aún les quedaba algún hueco para hoy). Así que no les quedó más que hacer encaje de bolillos para poder estar a todo. «Hay que hacer honor», resumía Guillermo.

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