«Antes de ayudar, dejamos de lado el buenismo y miramos la realidad»

El presidente de Cáritas Valdeorras, Julio Mourelo, explica que más de 490 valdeorreses «que lo necesitan», de 24 nacionalidades, recibieron ayuda en el 2018


o barco

Era 2009. La crisis arreciaba y fallecía el anterior presidente de Cáritas en Valdeorras, Gonzalo Vega. «Amigo, vecino y compañero de trabajo», tal y como le define Julio Mourelo (Tarifa, 1944; aunque barquense desde los 13 meses), su sucesor en el cargo. Le llegó la propuesta del arciprestazgo y no pudo decir que no. «Era un momento malo. Estábamos con la crisis, aunque los políticos la negaban; y había que arrimar el hombro», dice. Comenzó así un trabajo en el que tiene un pilar fundamental en Isabel Álvarez, la trabajadora social, para la que no tiene más que elogios. «Ella es mi mano derecha y mi mano izquierda, y mis pies», señala.

-¿Pasó la crisis?

-Estamos viendo que aquella crisis de los años 2009 a 2012, que apretaba con especial intensidad, fue perdiendo el tirón. Ya no se oye hablar de crisis, aunque sí existe, pero posiblemente no de esa magnitud. En parte porque la problemática política ha desviado la atención. Sigue habiendo un segmento de la población que lo pasa mal, a la que le cuesta llegar a fin de mes. Y también es verdad que la sociedad se ha ido acostumbrando a la situación. ¿Por qué surge el brote crítico de la crisis? Porque gente que trabajaba, que percibía un buen sueldo, que gastaba pero tenía el respaldo de ganar, llegó un momento en que se quedaba en paro y no daba para permitir muchas cosas. Son esas voces las que pusieron el grito en el cielo. Porque las personas pobres, que en Cáritas se atendían aquí a muchas, que tenían aceptada la pobreza, no son las que gritaron. Y es verdad que hemos mejorado, pero también hemos ido perdiendo población en estos años.

-¿Qué ocurrió en el 2012?

-Fue el punto álgido de la crisis. Se materializó ahí. Fue subiendo desde 2009.

-De las 719 personas [familias radicadas en la zona] que atendieron en el 2012 a las 491 del 2018, ¿hay gente que está mejor o que se ha ido?

-Un poquito todo. Hay familias que se han ido y unas cuantas que han encontrado trabajo. Es de las dos cosas. También tenemos familias que como tienen trabajos temporales, igual pasan un año sin venir y al siguiente reenganchan, porque tuvieron un año de trabajo, fundamentalmente en los obradoiros del Concello, y después vuelven aquí.

-¿La gente es responsable? ¿Avisan de que han encontrado trabajo?

-Nosotros estamos encima. Estamos muy en contacto con Servicios Sociales del Concello, sobre la gente que contratan nos interesa saberlo y hablamos con ellos para tenerlo de ojo. No podemos guiarnos solo del buenismo, hay que hacer un seguimiento en base a la población, porque te pueden meter goles. Hay gente que es muy responsable, que es muy legal, que cuando empieza a trabajar ya te avisa una semana antes; y hay otra que no, que se lo tienes que decir tú, porque lo detectamos nosotros. Hay de todo.

-¿Hay un perfil de la gente que precisa ayuda de Cáritas?

-En el caso de las familias, la mayor parte de las veces viene una mujer a solicitar ayuda. Los hombres son más reacios. Lo que predominan son padres con hijos y la monoparental, lo que mayoritariamente estamos atendiendo. Otro perfil es el de los sintecho, que atendimos 144 en 2018. En 2009 fueron 250.

-¿Hay mucha inmigración?

-Atendemos a 24 nacionalidades distintas. El 50,24% son inmigrantes, pero en la española también hay personas de origen extranjero que ya tienen la nacionalidad.

-¿Todo el que viene tiene ayuda?

-Cuando alguien viene a pedir ayuda, se hace un estudio en profundidad para justificar la necesidad. Dejamos de lado el buenismo y, aunque parezca duro, las lágrimas, y nos ceñimos a la realidad: las personas que tienen necesidades. El baremo que usamos nosotros para ver si a una persona se le ayuda o no es el que tiene la Xunta para las ayudas sociales.

«Siempre hay déficit, porque se dan situaciones de emergencia que hay que cubrir»

Cáritas tiene su sede en O Barco, en un local situado enfrente de la iglesia de Santa Rita, y desde ahí da un servicio comarcal. «En teoría atendemos todo el arciprestazgo -explica Julio Mourelo- y muchas personas vienen derivadas de los Concellos».

-Los Concellos derivan. ¿Y ayudan?

-Solo el de O Barco, que desde el 2009 ha ido subiendo la aportación y ahora llevamos unos años estancados en 8.000 euros, que es una buena ayuda, pero es necesaria. No cierras los años bien, siempre hay déficit que se va generando porque hay situaciones de emergencia que hay que cubrir. En el resto de los casos solo colaboran las parroquias, con la operación Quilo, y poco más.

-¿La gente se vuelca con la recogida de alimentos?

- La coincidencia de la gran recogida del Banco de Alimentos y la operación Quilo hizo que empezara un poco fría. Pero se va animando. Vamos cubriendo nuestras estanterías, aunque las que tenemos abajo están más vacías. Aquí hubo un gesto muy bonito del Banco de Alimentos, porque ellos no tienen gente aquí y nos piden colaboración. Rendimos cuenta de los alimentos, pero se quedan para nosotros.

-¿Tienen muchos voluntarios?

-Muy poquitos. Es nuestro punto débil. No somos muy vistosos, porque nuestra acción se circunscribe a acciones humanitarias no muy llamativas. Tenemos un voluntariado que son cuatro mujeres en el ropero, y que llevan el plan de tratamiento de los juguetes para los niños en Navidad y Reyes. No parecen reciclados, sino nuevos. Los peluches van higiénicamente tratados, el resto de juguetes se acondicionan, se les recuperan las partes electrónicas, cobran vida, tienen una segunda oportunidad. Y también hay personas que compran juguetes y nos los traen.

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