«Venía el cartero y decía ¡Señora, hoy doscientas cartas para su hijo!»

Hace 30 años que Gerardo Rodríguez mantuvo correspondencia con chicas de toda España


ourense / la voz

El valdeorrés Gerardo Rodríguez Ramos revolucionó hace 30 años no solo O Barco de Valdeorras sino la vida de muchas jóvenes de toda España. Lo que comenzó como una broma llegó a colapsar la oficina de Correos de la localidad. Tenía entonces 20 años y vivió con mucho humor -ahora con nostalgia- la jugarreta de su hermana. Ella escribió a una revista de la época en su nombre para intercambiarse correspondencia con chicas de su edad. Algo habitual en los jóvenes de los años ochenta a través de las publicaciones de moda. El gancho fue su descripción: «Soy guapo y simpático». Para qué más. «Era como el E-Darling de la actualidad», dice entre risas Gerardo, que aún conserva muchas de esas cartas que llegaron a su casa. «Recuerdo que como traían tantas no cabían en el buzón y tenían que llamar a mi madre desde el portal. Venía el cartero y decía ‘¡Señora, hoy doscientas cartas para su hijo’».

Hizo amistades, pero treinta años después solo quedan las cartas. No encontró al amor de su vida, que podría dar paso a una historia romántica, pero es uno de esos recuerdos que unen para siempre a los hermanos y amigos que vivieron con él esos días de verano. «De vez en cuando contamos esta historia y nos reímos», afirma.

Recuerda la sorpresa que se llevó con las primeras misivas que llegaron a su casa. «Un día, de repente, llegaron cinco cartas de chicas a las que no conocía. Enseguida me di cuenta de la broma. Pero luego se empezaron a multiplicar. En los diez primeros días ya tenía 175. Era una locura», dice. Y asegura que las leyó todas y las contestó. «A veces venían amigas mías a mi casa y me ayudaban a leerlas, lo hacíamos todos juntos. Me aconsejaban sobre lo que decían», relata. Y hasta llegó a conocer en persona a algunas de aquellas chicas. Recuerda a una alemana que estaba de tránsito por España y que quería aprovechar la amistad para aprender el idioma. Y a otra de Pontesampaio (Pontevedra) que acudió hasta O Barco para participar en una regata de piragüismo y aprovechó la oportunidad para conocerlo. Relata que, como entonces no había móviles, no les quedó otra que citarse como en las películas antiguas: «Tuvimos que decirnos cómo iríamos vestidos para reconocernos», ríe. Hoy algo impensable.

Respondieron a su misiva todo tipo de mujeres, pero lo que destacó en su día fue que las andaluzas eran las más simpáticas. E incluso, en el artículo que protagonizó hace 30 años en La Voz escribió una tribuna, la de una chico de 20 años en 1988, en la que daba consejos: «Lo primero es redactar un mensaje simpático y sugestivo. Lo segundo, sacarte una infinidad de fotos, porque exigen retrato». La sociedad ha cambiado pero hay ciertas cosas, las del flirteo, que se siguen haciendo igual.

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En la noticia de La Voz de Galicia de hace 30 años, Gerardo Rodríguez posaba sonriente con un grupo de amigas que le ayudaron a abrir y leer las cartas que llegaron desde todos los puntos de España.

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