o barco

La Festa do Botelo de O Barco ya es mayor edad. En estos 18 años de historia ha ido creciendo desde ser una cita reunió a 450 comensales en su primera edición hasta los más de 1.300 que estuvieron ayer en el pabellón de Calabagueiros (a los que habría que sumar los que degustaron el menú en los restaurantes); pero todavía le falta dar el estirón final, el de que se unan muchos más locales de hostelería y la comida institucional sea poco más que testimonial. Miran desde O Barco hacia Lalín y su Festa do Cocido. Quizás el próximo año, como anhelaba el alcalde, Alfredo García, por fin sea el de la adhesión de los restaurantes con mayor capacidad y la fiesta (que ya es de interés turístico) de un salto cualitativo.

Le gusta ver cómo crece a José María Rodríguez. El ahora presidente del cineclub Groucho Marx era hace 18 años el edil de Cultura, y quien recibió el encargo del entonces (y actual) alcalde, Alfredo García, de impulsar una fiesta gastronómica. «Mi madre era cocinera y yo entonces decidí que qué mejor que asesorarse con una sabia en los fogones. Y me dijo: ‘Hay un eslogan que dice Do mar o mero, de O Barco o botelo’; y así fue», recordaba Rodríguez en su pregón, en el que fue intercalando sus propias vivencias y recuerdos relacionados con el embutido, que muchas veces le tocó vender en la tienda familiar en las Casas Baratas. «En invierno hacíamos 40 o 50 botelos para vender; otra cosa no, pero lumbre para chorizos y botelos hice mucha durante 20 años; me sé muy bien la historia del bicho», resaltó.

Rodríguez se congratulaba de la iniciativa, que ha sido exportada a Vigo y A Coruña con gran éxito. «Galicia es caníbal. Se come lo que haga falta y se bebe el agua de los floreros», añadió entre risas.

El pregón de Rodríguez dio paso al homenaje a Manola García, más conocida como Manola Parra, por toda una vida dedicada a la hostelería. Contaba su hija Tere García que la protagonista (que tiene 92 años) empezó a trabajar en el sector hace casi 80 años, primero en el hostal del Sil, y después con su marido en el bar Parra. Pusieron ese nombre al local y pasó a convertirse en el mote por el que ahora es conocida toda la familia. Como ejemplo, el propio Carlos Parra, gerente del castillo de Maceda, del que pocos saben que en realidad es Carlos López. Él siguió la saga familiar, al igual que varios de sus hermanos (son siete). «Todos estuvimos vinculados con el sector de la hostelería. Los que no tuvimos o trabajamos en un bar, fueron como camareros a bodas y ayudaban cuando las hacíamos nosotros», contaba Tere. Porque en su vida laboral, Manola García trabajó mucho y además de atender el bar, montaba un puesto ambulante en las fiestas y durante años lo compaginó con hacer bodas. «Cuando nos encargaban una, alquilábamos todo, desde el bajo a las mesas o la vajilla», recordaba su hija. La familia no ocultaba la emoción del homenaje, incluso más que la propia protagonista. «A los hijos nos hace mucha ilusión, porque los homenajes a veces son desde que se muere la gente; y para nosotros es un referente muy importante», señalaba.

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La Festa do Botelo cumple la mayoría de edad con el anhelo de seguir creciendo