O Barco buscará repetir el éxito de la Festa do Botelo en Vigo y A Coruña

La cita gastronómica de ayer congregó a más de un millar de personas tras colgar el cartel de no hay entradas en una hora


O BARCO / LA VOZ

¿Para cuándo un yogur de botelo? Después del éxito del de licor café, el humorista Carlos Blanco aprovechó el pregón de la Festa do Botelo en O Barco de Valdeorras para lanzar la idea a las industrias lácteas gallegas, «se é que queda algunha». Blanco se encargó de la parte oral del pregón, en el que estuvo acompañado por el dibujante Luis Davila, que fue dando forma a ese yogur de botelo («non de sobremesa, pero si como aperitivo», explicaba el actor); y a otras posibilidades del embutido más internacional del oriente ourensano. Y son muchas: el Superbotelo (superhéroe), el Adidas Botelo Style (zapatillas deportivas), Botelix (al estilo del reducto de la Galia), Air Botelo (una aerolínea), Eau de boteló (como perfume se afrancesaría) o como obra de teatro, a modo de drama clásico de William Shakespeare.

Quedó claro, pues, que el botelo tiene múltiples posibilidades, aunque la que más devotos ostenta, indiscutiblemente, es como manjar. Lo demostraron las más de 1.300 personas que asistieron a la Festa do Botelo en el pabellón de Calabagueiros. A los 1.150 que compraron su entrada -agotándolas en menos de una hora-, se sumaban los invitados, entre ellos varios grupos de música que se encargaron después de hacer ronda por los bares con los cantos de taberna, así como de animar la comida y la sobremesa. Todos juntos dieron cuenta de 750 kilos de botelo, 350 de repollo, 500 de patatas y 600 botellas de vino; así como bica, chorizo, varios postres, café... El menú no era de los de contar calorías, ni para veganos, ni para gente con colesterol alto, ni para dietas... Era para los amantes del botelo, y son muchos.

Son muchos y están más allá de Valdeorras. Por eso hace cuatro el Concello decidió llevar su fiesta gastronómica a otros puntos de Galicia. La incursión inicial en A Coruña salió bien y pronto se sumó Vigo. Este año se repetirá. En el caso de la ciudad herculina, será el 11 de febrero, repitiendo espacio en el mirador de San Pedro. El precio es de 30 euros por persona. Justo un mes después, el 11 de marzo, la cita será en la ciudad olívica. No son citas tan multitudinarias como la de ayer en el pabellón -que además tuvo su réplica en varios restaurantes, que repiten hoy menú- pero suelen reunir a varios cientos de personas alrededor del embutido valdeorrés.

«Durante 15 anos puxen todo o empeño en que o xantar saíra ben»

Obdulia Fidalgo es lo que pone en el carné de identidad, pero en Valdeorras todo el mundo la conoce (y todo el mundo es todo el mundo, porque es complicado dar con alguien que no le ponga cara) como Lula A Pulpeira. Con más de 30 años en el oficio tras casarse con Paco Piernas, de una conocida familia de pulpeiros, pronto heredó el negocio de sus suegros. Y lo hizo crecer.

Lula es habitual en las ferias de la comarca, donde las colas para llegar a su puesto y conseguir el ansiado pulpo son legendarias; pero también es el rostro junto al caldero de cobre en romerías y fiestas, y en celebraciones como bautizos, comuniones, bodas... Una profesional que prepara pulpo y en la que el alcalde, Alfredo García, y el edil de Cultura hace 17 años, Eduardo Ojea, vieron a la persona perfecta para preparar el botelo y poner en marcha una fiesta gastronómica que desde hace dos años está declarada como de interés turístico de Galicia. La puso a andar y la consolidó. Durante 15 ediciones, Lula fue la cocinera del botelo, como ella misma recordó durante el homenaje que el Concello do Barco quiso rendirle dentro de los actos de la Festa do Botelo. Es la primera vez que se homenajeaba a una persona en activo.

«Neste anos puxen todo o meu empeño en que a festa saíse ben, e así foi, aínda que algúns anos non foi así, non porque eu non quixera, senón porque a materia prima non era a que se desexaba, deixémolo aí», explicó ella, recordando unos años en que los botelos no salieron lo buenos que se quería. Fueron años duros, rememoró. «Cada ano do botelo, botábame cinco anos enriba... Tiña que pedir unha indemnización ao Concello», añadió ella entre risas y visiblemente nerviosa. La emoción la venció en varias ocasiones, y en todas estuvo el público para arroparla con sonoros aplausos, de los más largos que se recuerdan en el acto de mención de honor a hosteleros de la localidad en la Festa do Botelo.

En su discurso, Fidalgo también quiso hacer un guiño a los comensales, que han hecho de la Festa do Botelo un evento de referencia a la que viene mucha gente de fuera; y también a los camareros y cocineros, porque «eramos un equipo». Y claro, pulpeira de profesión, no desaprovechó la oportunidad de lanzar mensaje publicitario. «Acordádevos de ir comer o pulpo á feira», remató.

Como colofón, Fidalgo recibió un ramo de flores y un cuadro conmemorativo del reconocimiento.

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