Quieren como testigo del crimen de Santoalla a un israelí errante en paradero desconocido

El joven estaba en la aldea en 2010, alertó de la ausencia de Martin Verfonderm y declaró en su día ante la Guardia Civil que nada vio, pero la defensa insiste en citarlo


ourense / la voz

Una película empieza y termina donde y como decide su director. Los procedimientos judiciales funcionan de otro modo. Parecía que al crimen de Santoalla (Petín) solo le faltaba juicio y sentencia, pero la instrucción sigue abierta.

A la defensa de los acusados, los hermanos Julio y Juan Carlos R. G., le quedaba un último recurso. Quieren que se cite a declarar a un israelí, Michael Levy, que el 19 de enero del 2010 se encontraba en la aldea, acogido en casa del fallecido Martin Verfonderm mientras la esposa de este último, Margo Pool, estaba en Alemania pr razones familiares. El joven, sin domicilio fijo y con un modo de vida que le da un perfil de errante, desconectado de las redes sociales desde su marcha, pasaba unos días en Santoalla y fue quien alertó a Margo de la ausencia de Martin. No volvía a casa. Prestó en su día declaración. Poco aportó, pero la defensa de los acusados ha pedido que se le cite de nuevo. No está en España y localizarlo parece tarea complicada, por lo que es previsible que la petición sea desestimada para que la jueza de O Barco complete la instrucción y el caso llegue ante un jurado.

La declaración del israelí, sobre la que insiste una de las defensas, ya la había solicitado el fiscal en marzo, en el escrito donde concretaba la imputación. Pedía que se oficiara a la Guardia Civil para que informara si se podía averiguar el paradero y, en su caso, practicar en sede judicial el interrogatorio, en su día limitado a la investigación policial. No ha habido forma de contactar con él.

A salvo de un inesperado testimonio, las declaraciones de los implicados y las pesquisas de la Guardia Civil señalan a Juan Carlos como autor material del disparo que acabó con la vida del holandés. Está en prisión desde noviembre del 2014, mientras que su hermano Julio, presunto encubridor y en libertad, tiene una orden de alejamiento que le impide acercarse a la aldea donde ha seguido residiendo la viuda.

La relación de hechos que el fiscal concretó en la imputación detalla cómo los dos hermanos, después de que Martin recibiera un tiro con una escopeta a escasos metros que le provocó la muerte instantánea, utilizaron el propio vehículo del holandés, un Chevrolet Blazer, para trasladarlo y esconder el cadáver. Lo hicieron en una zona de monte de muy difícil acceso y escaso tránsito de gente. Prendieron fuego al vehículo, además, para que no pudiera ser identificado. De hecho, pasaron más de cuatro años entre el día de la muerte de Martin, el 19 de enero del 2010, y la localización del coche y algunos restos en la zona, en junio del 2014. La detención de los dos hermanos, sospechosos desde el primer momento, se había producido a los pocos meses, cuando la Guardia Civil consideró que no quedaban flecos por atar y la investigación estaba completa.

El festival de cine arranca con una película sobre el caso, la pareja y la vida en la aldea

Al ritmo que lleva la instrucción, frenada y retrasada en los últimos meses por una nueva declaración de la viuda del holandés fallecido y ahora pendiente de que la jueza decida sobre la petición de testimonio del israelí, que parece irrelevante a la luz de la confesión de los imputados, es probable que no esté finalizada el 28 de octubre cuando el documental «Santoalla» abra el Festival de Cine de Ourense.

La película, de los estadounidenses Andrew Becker y Daniel Mehrer, gira, según la descripción que hace la organización del OUFF 2016, «alrededor de Martin Verfondern y Margo Pool, una pareja de holandeses progresistas, que solo tenían un sueño: vivir en el campo, lejos de las limitaciones y complicaciones de la ciudad. Con todo, al llegar a la aldea gallega de Santoalla (lugar en el que se rodó ‘Sempre Xonxa’, de Chano Piñeiro), estos extranjeros desafiaron las tradiciones de la única familia residente en la localidad, iniciando un conflicto de más de una década que culminó con la misteriosa desaparición de Martin. Mientras esta tierra olvidada se ve inmersa en el centro de la polémica, Margo se encuentra procurando no solo respuestas, sino la fuerza para seguir adelante».

En el ámbito policial y judicial, las declaraciones de los protagonistas dibujan hasta ahora de forma bastante nítida un grado de intervención muy diferente entre uno y otro. Falta delimitar y concretar la responsabilidad por aquella muerte, en la que pesarán atenuantes o eximentes, desde el estado mental de los participantes hasta el peso de la relación familiar cuando el papel se limita a ser encubridor.

Beneficios por el monte y cabezas de ganado

Para el momento del juicio, el fiscal que ha seguido este caso desde el inicio, Miguel Ruiz, trata de tener a mano un par de datos económicos. Por un lado, quiere que la Xunta informe sobre las cabezas de ganado que Julio tenía antes de la orden de alejamiento y si vendió los animales. Por otro, si la viuda del fallecido recibió beneficios de la gestión del monte comunal de Santoalla, aspecto que en su momento suscitó el enfrentamiento entre los dos vecinos.

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