Martín Códax ensaya el uso de velas para combatir las heladas en la vid de Monterrei

La bodega arousana prueba también otros métodos, como molinos de aire o máquinas que emiten humo y vapor


cambados / la voz

Calor para combatir el hielo. Ese es uno de los sistemas que está probando Martín Códax en la zona de Monterrei. Y es que en esta denominación de origen gallega las heladas se están convirtiendo en un riesgo para el viñedo. Por eso la bodega cambadesa ha comenzado a investigar qué sistemas son más eficientes y menos costosos para combatir ese problema. Esta misma semana han encendido en su finca de Vilardevós candelas, llenando el oscuro paisaje de decenas de pequeñas luces. Más allá de la espectacular imagen, el sistema funciona, explica Miguel Tubío, director técnico de la bodega. Esta especie de velas gigantes ayudaron a subir las temperaturas y lograron impedir que las heladas dañaran un viñedo que ya está brotando.

Explica Tubío que las heladas siempre fueron un riesgo para el viñedo en el interior de Galicia, pero más ocasional. No en zonas como Rías Baixas, «onde o mar actúa de regulador térmico e o risco de xeadas é máis baixo». El problema en Verín y otros municipios ourensanos es que el cambio climático está provocando una serie de desarreglos. «Sempre houbo xeadas tardías, de finais de abril, pero o viñedo non estaba tan adiantado e non supoñían tanto risco», asegura Tubío. En los últimos años, en cambio, las primaveras más cálidas están provocando que se adelante el ciclo de la vid, con lo que esas heladas tardías, que además se producen con más frecuencia que antes, sí que constituyen un riesgo para la futura cosecha, pues la planta se encuentra en un momento vulnerable. Sucedió en el 2017, cuando una helada se llevó por delante buena parte de la producción vitícola.

«Somos conscientes de que temos que meter un sistema antixeadas, e estamos probado diversos métodos», añadió Tubío. El más llamativo, el de las velas repartidas por el viñedo. En realidad, son bidones llenos de parafina en gel que arden durante ocho o nueve horas. El sistema es muy utilizado en Francia, en la Borgoña, y consigue incrementar la temperatura hasta en tres grados. En Martín Códax pudieron comprobar su eficacia esta misma semana. «Temos estacións meteorolóxicas no viñedo que nos avisan e cando a temperatura baixa de tres grados manda unha mensaxe de alerta», explica. Sucedió esta misma semana. A las cuatro de la mañana se prendieron los bidones. Una hora después, la temperatura ya había subido y el viñedo estaba a salvo.

Pero no es este el único sistema que está probado la bodega. Está experimentando también con unos molinos de viento, de entre seis y ocho metros de altura. «A xeada de noite prodúcese tamén por inversión térmica. O aire frío baixa e o quente sube. Estes muíños mesturan as capas de aire e evitan a xeada. Son eficientes ata temperaturas de menos dous ou tres graos», relata. Hay más, como una máquina que emite una mezcla de humo con vapor de agua mientras recorre el viñedo o el riego por aspersión. El problema de este último es que precisa mucha agua «porque tes que estar regando durante cinco horas». Con todos ellos está experimentando la bodega para que las heladas dejen de ser una amenaza para la vid.

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