Manuel Lorenzo: «Dediquei miles de horas a estar cos enfermos e a coidar deles»

Fue durante 57 años párroco de Santa Cruz de Arrabaldo y se retiró hace dos años


ourense / la voz

Manuel Lorenzo Argibay (Maside, 1930) recuerda la fecha exacta de aquellos acontecimientos que marcaron su vida. Hace veinte años comenzó a escribir un diario que se convirtió en dos libros que hablan de un sacerdote que en plena posguerra y durante 65 años se dedicó en cuerpo y alma a atender a sus feligreses. La mayor parte de este tiempo en Santa Cruz de Arrabaldo, aunque durante dos décadas también en Trasalba y Untes.

Manuel, a sus 88 años y medio pasados -afirma él-, recuerda perfectamente su infancia en el lugar de Agro de Quinta, en Dacón. Años felices, dice, a pesar de las necesidades. «Eramos catro irmáns -hoxe só vivo eu- e viviamos bastante felices, inda que eran tempos de despois da guerra», resume. Estudió en el colegio de Dacón y su entonces maestra advirtió que ese niño debía seguir formándose. «O mestre díxolle á miña nai: ‘‘Pastora, tes que facer un esforzo máis e mandar ao Manolo a estudar fóra, que creo que vale a pena’’». Y así lo hizo su madre que le ofreció la posibilidad de ir al seminario o al colegio do Corral. «E decidín ir ao seminario sen pensar nunca nunha vocación de cura», subraya. Manuel tenía entonces 13 años. «O seminario menor estaba onde está hoxe e o maior, no que é agora o Bispado», recuerda. En esos dos espacios cursó cinco años de humanidades, tres cursos de filosofía y cuatro de teología.

Sobre el momento en el que le llegó la vocación señala que fue paulatino. «Metíaste no seminario e o ambiente era de moita devoción e estudo, e facíannos moi responsables. Metíanche na cabeza que era obrigación en conciencia estudar e prepararse. A vocación veu nese ambiente». Incluso señala que hubo momentos de crisis vocacional. «Recordo que tras un Nadal na casa ao regresar ao seminario quixen deixalo. Pero o reitor non mo consentiu, díxome ‘‘Iraste do seminario cando eu che bote, de momento segues aquí’’». Era 1948 y Manuel recuerda a la perfección una de las frases que entonces le dijo el rector: «Argibay, ¿te gustan las chicas? También a mí, pero por eso no dejas de ser un buen sacerdote el día de mañana».

Se ordenó el 26 de junio de 1955. Dice, el momento más feliz de su vida. Un mes después celebró la primera misa en Dacón. Estuvo dos meses en Maside, como encargado accidental y, más tarde, en Santiago das Caldas. En octubre de 1956 le encargaron dos parroquias en Castro Caldelas, donde estuvo tres anos.

En 1958 se celebró un concurso de destinos. Tras prepararse y examinarse pudo elegir el que marcaría el resto de su vida: Santa Cruz de Arrabaldo, donde estuvo 57 años, que más tarde compaginó con Untes (51 años como párroco) y Trasalba (28). Ahora, jubilado, de vez en cuando apoya a sus «compañeros» y así «non perdo o fío de cura», dice.

Casi seis décadas después, Manuel recuerda todavía sus primeros años. «Sempre, como persoa e como cura, tiven a ilusión de estar ao servizo incondicional dos meus compañeiros, da miña familia e dos fregueses, sempre visitando as casa e os barrios. Dediquei miles de horas a estar cos enfermos e a coidar deles. Esa era a miña máxima ilusión», sentencia. Sin embargo, subraya que los peores momentos los pasó cuando sus feligreses sufrían. «De pequeno dicía que non quería ser nin médico nin cura, porque non me gustaba ver o sufrimento da xente». Y en este punto ahonda sobre al figura de los curas a mediados del siglo pasado: «Conseguín unha cousa que foi moi boa: que pasase por onde pasase todo o mundo me saudara. Era un veciño máis. Cando cheguei a Santa Cruz dicíanme señor abade. E fun desterrando iso. Non me colleu o de tratar de ti, pero díxenlles que me chamaran don Manuel. Regalaban uvas brancas ao párroco anterior na vendima, porque facía viño tostado para as parturientes. Pero ao pouco tempo díxenlles que non mas trouxeran, para quitarlles desa obriga».

rincón

Santa María Nai. Manuel Lorenzo (Maside 1930) elige las escalinatas de Santa María Nai. No fue párroco en este templo, pero en la iglesia tuvo el contacto directo con sus feligreses. Apostó por acercarse a las casas y los barrios de sus vecinos para acompañarles.

«Ao saír da misa xogaba ao fútbol con sotana no campo da festa de Santa Cruz»

A Manuel Lorenzo Argibay siempre le gustó la música, leer y el deporte. Incluso explica que cuando solo tenía que atender la parroquia de Santa Cruz jugaba al fútbol. «Ao saír de misa, xogaba ao fútbol con sotana no campo da festa de Santa Cruz», relata. Y recuerda que una de sus sobrinas lo vio un día, sorprendida, y le dijo: «tío Manolo, que pouco xuízo tes, ¡mira que xogar ao fútbol cos mozos!». Estos detalles convirtieron a Manolo en un párroco cercano. «Pensaran como pensaran as persoas e fixeran o que fixeran para min eran todos iguais», recalca. Por eso afirma que en todas las parroquias en las que estuvo tiene ahora una gran familia. Incluso en dos de ellas, un busto recuerda su paso.

Sobre la sociedad actual, Manuel, el hombre, dice que hay poco compromiso. «A xente fala sen pensar as cousas, hai pouca seguridade». Y lamenta los fracasos escolares y la poca implicación de la juventud. Como sacerdote, señala que nunca en sus 64 años de cura encontró una persona totalmente negada a la religión. «Recordo que había un señor maior que nunca vira na igrexa. Fun visitalo un día na súa casa porque estaba enfermo. E díxome que rezaba todos os días polos seus defuntos. Para el iso era suficiente», dice.

El sacerdote vive actualmente en el barrio de As Lagoas con una de sus sobrinas, que fue monja y estuvo en misiones: «Non podo estar mellor». A sus casi 89 años sigue ayudando de vez en cuando a oficiar misa e, indica, que el tiempo libre que le quedó tras la jubilación lo dedica a leer y a formarse. «Durante a miña vida fun feliz, pero derramei moitas lágrimas polos meus fregueses. Nunca me acostumei a enterralos, a velos morrer», relata.

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