Galicia cría en vivero al depredador natural de la avispilla del castaño

La lucha biológica con la suelta del «Torymus sinensis» es el único medio eficaz para frenar una plaga que avanza imparable


redacción / la voz

Son como las hordas de Atila en versión insecto. Con un intenso color negro y un tamaño que oscila entre los 2 y 3 centímetros, su avance destructor es imparable. En apenas cuatro años desde su llegada a Galicia han experimentado una expansión meteórica hasta el punto de que han invadido la mayor parte de los sotos de la comunidad, con un índice de penetración que en la provincia de Ourense se eleva al 91 %. Es la avispilla del castaño (Dryocosmus kuriphilus), la auténtica pesadilla de los productores gallegos de castañas.

Originaria de China, solo un rival le hace frente. Y no es un plaguicida, sino su depredador natural, el Torimus sinensis, también procedente de Asia, cuya presencia aún es escasa en Galicia. Por ello, Medio Rural ha liberado al medio desde el 2015 de forma experimental y controlada cerca de 200.000 ejemplares de esta especie, en tanto que para este año prepara una gran ofensiva con algo más de millón y medio. La gran mayoría son importados de Italia, donde el parasitoide lleva instalado de forma abundante desde hace años para combatir al parásito. Pero aún no son suficientes. La alternativa, hasta que el depredador se haga fuerte en la comunidad de forma natural, lo que puede ocurrir en un plazo de dos o tres años, es su cría en cautividad. Y Galicia será pionera en el mundo en conseguir los primeros ejemplares, que se están preparando desde el 2015 en el vivero del grupo público Tragsa en Maceda (Ourense). 

«Es un éxito»

Si nada se tuerce, en abril nacerán los primeros Torymus sinensis, aunque en realidad ya se obtuvieron el pasado año, pero en una cantidad muy pequeña. «Tenemos 20.000 agallas de las que por cada una pueden salir dos o tres insectos. Podremos tener 60.000 en el mejor de los casos. Son todavía muy pocos y no llegan para una gran liberación, pero para nosotros ya es un éxito», explica Beatriz Cuenca, ingeniera agrónoma y responsable del laboratorio de I+D del vivero de Maceda. El próximo año sí se espera ya contar con un número suficiente de ejemplares como para atender las necesidades de la Administración y de los productores. «Lo ideal -añade-, y también mucho más barato, sería recolectar la especie en el medio natural, pero todavía no está lo suficientemente implantada».

Es un impedimento, pero no el único, ya que la ley de Biodiversidad y Medio Natural prohíbe la introducción al medio de especies que no sean autóctonas. Solo se permiten realizar las sueltas bajo un programa experimental y controlado, como el que se inició en Galicia y que también se está llevando a cabo en otras comunidades como Andalucía y Asturias y al que este año se sumará Castilla-León. Durante el proceso se tiene que prestar atención a tres cuestiones: que la nueva especie no se va a hibridar con otras, que no va a desplazar a ningún insecto autóctono y que no va a parasitar a otros huéspedes. Es lo que ya se comprobó previamente en otros países afectados por la plaga de la avispilla y en los que se utilizó a su depredador natural para combatirla, como Italia o Francia. En cuanto el proceso se complete en Galicia, también se podría criar el parasitoide al aire libre, lo que no sucederá hasta dentro de dos o tres años. Mientras tanto, habrá que recurrir a la producida en cautividad o a su importación.

«Esta especie no puede ser considerada invasora, porque en el momento en que desaparezca la avispilla, Torymus también lo haría», precisa Cuenca. La experiencia en países como Francia, Austria, Italia o Japón demuestra que la lucha biológica es un éxito, ya que los resultados demuestran que las plantaciones de castaños se ven recuperadas después de entre 7 y 10 años de las primeras sueltas.

La cría en cautividad es compleja. Primero hay que lograr una cantidad abundante de castaños infectados por la enfermedad. Cuando esto sucede, los árboles desarrollan unas agallas sobre las cuales los Torymus pueden hacer la puesta de huevos. Por eso, en las instalaciones de Maceda existe actualmente una jaula que encierra en su interior unas 5.000 plantas infectadas. Una vez logrados estos ejemplares se introdujeron en la jaula los depredadores provenientes de Italia para que pudiesen parasitar los huevos de la avispilla poniendo los suyos propios en el interior.

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