Ciclismo en vena y hasta pronto

Maceda arropó la despedida de la vuelta a Galicia con un entrañable ambiente desde horas antes


ourense / la voz

Que en Maceda se respira ciclismo es una constatación que no es flor de un día, ni mucho menos.

Para empezar, los jóvenes integrantes de su Escola José Antonio Hermida lo testificaron a pie de calle, como hacen a lo largo de todo un año de competiciones, pero sobre todo de diversión, gracias al deporte del pedal. Y lo mismo a la hora de acercarse a los ídolos del profesionalismo. La ilusión reflejada en los ojos de muchos niños era evidente al ver de cerca, al tocar, a Alberto Contador -sonriente antes de su desafortunada caída y otra vez el más aclamado-, a Chris Froome o a Alejandro Valverde, entre otras rutilantes figuras. Y si Zdenek Stybar o Jean Christophe Peraud no son quizás tan conocidos para el gran público, sí reciben aplausos de notorio respeto por los campeonatos mundiales de ciclocross del primero o la medalla olímpica del segundo en la bicicleta de montaña.

Porque de esas modalidades en concreto y de ciclismo en general en Maceda saben lo suyo. Y si en Ourense han disfrutado miles y miles de aficionados con el paso de La Vuelta, en uno de los núcleos del deporte de las dos ruedas en la provincia, la despedida -hasta pronto- de la ronda nacional tenía que tener un toque especial y pintoresco. Aunque quizás no fueran muchos los que hubieran apostado con anterioridad a que un japonés, Yukiya Arashiro, paseara desde la bici a su pequeño perro, ataviado con los colores del Lampre Mérida. Será la globalización, pero pocos se hubieran imaginado que además de los habituales reporteros colombianos de Caracol TV, la prensa nipona también se interesara -enviados especiales mediante- por nuestra más clásica Vuelta a España.

Como ya sucediera en otras localizaciones de la geografía ourensana, en Maceda los aficionados de a pie disfrutaron visitando uno a uno los autobuses de los veintidós equipos. Recibiendo alguna gorra o alguna mochila por aquí y por allá, pero también sin perder detalle de los movimientos de los mecánicos que mimaban cada bicicleta antes de alinearla frente a sus improvisados cuarteles generales. La caza del autógrafo y alguna que otra foto se convirtió en pasatiempo favorito y estrellas del máximo nivel se mezclaron con sus admiradores o con simples curiosos, que para el caso es lo mismo.

Y es que los ciclistas, además de esforzados, son quizás los deportistas más asequibles a la hora del trato directo con aquellos que los jalean a pie de calle. Pocas horas después, el pelotón ya estaba en Puebla de Sanabria, no sin antes dejar atrás Galicia a través de villas como Allariz, Xinzo de Limia o Verín, entre otras muchas. Ourense gozó del paso de La Vuelta y demostró de paso que será el mejor marco siempre que la gran ronda internacional vuelva a fijar por estos lares su itinerario. Hasta la vista.

 

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