«Hai que estar ao carón todo o día»

Desde hace 20 años, Ana Isabel Alonso atiende a los visitantes en la iglesia de Santa Comba

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ourense / la voz

Desde hace veinte años, María Isabel Alonso se encarga voluntariamente de cuidar el pequeño tesoro de Santa Comba, la iglesia visigótica del siglo VII, declarada monumento nacional en 1921, y que constituye una de las principales referencias turísticas y culturales de Bande. Hoy el pequeño templo monacal de cruz griega luce cuidado y restaurado, pero no siempre fue así.

María Isabel explica que cuando el entonces sacerdote de Santa Comba, don Roberto -quien ahora está en Lobeira, comenta- le entregó la llave de la iglesia visigoda para que la abriera y la cerrara, el antiguo templo que acoge el sarcófago de San Torcuato se encontraba «abandonado». Ella y su marido, Antonio, se encargaron de limpiar el interior -que estaba lleno de basura, menciona- y el entorno, podando los árboles.

Pese a ser monumento nacional y a recibir miles de visitas cada año -unas quince mil, cifraron las autoridades que la visitaron recientemente, aunque María Isabel no cree que sean tantos- Santa Comba de Bande carece de guía oficial o de horario estable de apertura. Es el teléfono de María Isabel y ella misma los que están disponibles casi siempre para atender a los interesados. «Cando chaman, veño e abro sen compromiso, se estou pola casa. Se deixan a vontade, moi ben, outros non deixan nada. Aquí non hai soldo nin se cobra entrada polas visitas, non se lle saca partido económico. Se ás veces teño que saír, deixo unha notiña; algún enfádase porque a quere visitar, pero bueno. Aparecen en calquera momento, algúns grupos si piden cita», cuenta la vecina, que espera la llegada al día siguiente de una visitante que viene en taxi desde Zamora. Es discapacitada y María Isabel aprovecha la presencia de autoridades en el pueblo para reivindicar una rampa de acceso para el templo.

En todo este tiempo, María Isabel ha conocido a multitud visitantes de toda Europa, incluso de Australia o de Siria, menciona. Por Santa Comba han pasado noruegos, alemanes, ingleses, entre otras nacionalidades. «Uns austríacos casáronse aquí, temos un libro de firmas que di ‘Después de treinta años, volvemos a visitar la iglesia de Santa Comba. Nos casamos aquí, gracias a san Torcuato por sellar nuestro amor’», cita. También del vecino Portugal, estudiantes de Arquitectura de las Universidades de Porto o Braga. De todos ha ido recabando información María Isabel sobre la importancia de esta iglesia. «Din que ten un valor incalculable pola antigüidade. Quedan poucas igrexas así: San Frutuoso de Montelios (Portugal), Santa Lucía del Trampal (Cáceres), San Juan de Baños, de Cerrato, (Palencia) ou San Isidoro de León, pero esta ten máis valor por ser do século VII, as outras son do VIII», enumera. Se documentó estudiando un libro sobre Santa Comba que editó la Diputación y por las explicaciones que les dan los doctorados en Historia del Arte que visitan la iglesia. «Vou collendo un pouquiño de todos», dice María Isabel.

Santa Comba es parada para los numerosos peregrinos que vienen por la Vía Nova romana o por el Camiño da Raiña desde Portugal. Uno de los usos que tuvo la iglesia antaño fue ser hospedería de peregrinos, recuerda María Isabel. La vecina cree que en el pueblo la gente valora lo que tienen, pero no tanto. «Foi sempre arroupada, o pobo tiña as chaves pero non se lle daba valor porque non había soldo. Agora só queda xente maior. Téñenlle cariño, pero pasan», sostiene. Después de las últimas obras, María Isabel cree que la iglesia visigoda ahora está bien. El problema del templo han sido siempre las humedades. «A min motívame ter esta cousa tan vella; non gusta nada velo abandonado. Ás veces veñen as institucións, pero non é suficiente. Hai que estar a carón todo o día. Agora está ben pero hai que seguir porque as pinturas teñen sales e deterióranse, son moi bonitas e antigas, explican o Evanxeo. Hai que seguir colaborando», remarca.

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