Tres generaciones cuidando los montes

José Luis y Roberto, padre e hijo, son agentes forestales en dos distritos colindantes


ourense / la voz

El padre de José Luis Quintairos Folgoso, Luis Quintairos, fue agente forestal del antiguo Icona. También lo fueron sus dos tíos y actualmente lo son dos de sus cuñados. La continuidad de la tradición familiar estaba en peligro porque la mayor parte de los primos de la tercera generación quisieron dedicarse a otras ocupaciones. Solo Roberto Quintairos, hijo de José Luis, se ha convertido también en agente forestal.

El joven, de 35 años, fue durante un tiempo vigilante en una torreta cuando tenía 18 y después estudió una ingeniería técnica, pero no encontró salidas en el mercado laboral y decidió preparar una oposición para dedicarse a lo mismo que su padre. Después de mucho estudio, logró su plaza -aunque, por ahora, es interino- y está encantado con su trabajo. No en vano, es algo que vivió desde pequeño en su casa. En su recuerdo está fijada la imagen de su padre siempre pegado a la emisora, pero lo cierto es que no le hace falta mucho esfuerzo para recordarlo porque sigue viviéndolo en la actualidad. Según cuenta, en muchas ocasiones va a dormir a casa de sus padres para descansar del trabajo. «El está coa emisora encendida e eu, que son un pouco somnámbulo, non podo durmir ben. Cando es director de extinción, implícaste moito e non se pode desconectar», explica Roberto.

Salto generacional

Cuando hay incendios, la actividad se dispara, pero aunque el monte no se esté quemando los agentes forestales siguen trabajando. «Non paro, pero o disfruto. Pode ser que nuns anos acabe relaxándome un pouco, pero de momento non», dice el joven de los Quintairos, que relata que su padre es un agente forestal «dos de antes». Le gusta pisar el terreno, vigilar personalmente los montes, hablar con los vecinos. José Luis lo confirma, pero también ve ventajas en el sistema de trabajo que tienen los jóvenes: «Veñen moi preparados e con moitas ganas e no traballo de campo son moi rápidos e saben aplicar as novas tecnoloxías».

En todo caso, el mayor de los Quintairos explica que para la extinción de incendios lo más importante es la experiencia. Su hijo asiente: «Por moita teórica que teñas, hai que tomar decisións en moi pouco tempo e iso hai que vivilo». Cuando Roberto comenzó a trabajar como agente forestal coincidió en plena campaña de incendios y no fue fácil: «Paseino mal, pero non me sentín coma un novato porque moitas cousas xa as escoitara, xa as vivira a través do meu pai». Cuando había que actuar ante el fuego no, pero desde muy pequeño Roberto acompañaba a José Luis cuando este, fuera de sus horas de trabajo, visitaba las zonas que estaban bajo su responsabilidad. «Agora dentro de pouco, cando se xubile, estou seguro de que vai seguir vixiando que non lle pase nada aos seus montes», bromea el hijo.

¿Quién es el culpable?

Aprovechando la conversación con José Luis y Roberto es inevitable preguntarles su opinión respecto a quién o quiénes son los culpables de la proliferación de incendios. Ambos coinciden en que «non hai tramas» y que el mayor problema es el abandono del rural y el minifundismo. Explican que la mayor parte de los fuegos se originan en fincas particulares utilizadas tiempo atrás para actividades agrícolas pero ya abandonadas. «De aí o lume salta aos montes», relatan.

La colaboración entre ambos permitió crear una franja de protección para incendios

José Luis Quintairos es agente forestal en el distrito XV, en A Limia, y su hijo Roberto, en el XIV, concretamente en la zona de Laza y Cualedro. Sus dos demarcaciones lindan en esos montes y no tienen, por lo tanto, relación jerárquica a nivel profesional entre ambos. Sin embargo, para el hijo es una responsabilidad añadida el hecho de trabajar en la zona de donde es originario su padre, en el municipio de Cualedro. Pese a pertenecer a distritos distintos, José Luis y Roberto colaboran en la defensa de intereses comunes. En la zona donde hacen frontera sus respectivas demarcaciones han puesto en marcha una iniciativa para crear una sistema que impida la propagación de los incendios y que, además, mejore la seguridad de los equipos de extinción, conocido como «franja auxiliar de pista». Se trata de una de las zonas más sensibles de Galicia por la alta concentración de fuegos que cada verano se producen allí. Medidas como esta tratan de ponérselo más difícil al avance de las llamas.

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