Catedrático de matemáticas, una vida entre Laza y Valdoviño

Luis García Fernández era natural de Arcucelos, en el concello de Laza


ferrol / la voz

Luis García Fernández era catedrático de matemáticas y un conversador empedernido. Encontrarse con él era garantía de charla sobre las cosas más alegres: el vino de Monterrei (de parcelas cercanas a su localidad natal de Arcucelos, en Laza); de la actualidad que devoraba cada mañana en La Voz de Galicia antes de salir a pasear por Canido (su barrio desde un par de años) o de las posibilidades de las huertas de Valdoviño, donde disfrutaba ayudando a los vecinos y haciendo planes para sus fincas desde que se jubiló hace poco menos de cinco años a la vez que su mujer, Ángeles García Losada, Geles, la causa por la que este ourensano tejió lazos con la comarca ferrolana hace décadas. Ambos se conocieron en la Facultad de Matemáticas: «Él era García Fernández y yo, García Losada, así que nos tocaba en clase, en los exámenes siempre juntos», recuerda Geles sobre un compañero de clase que se convirtió en su compañero de vida, además del padre de sus hijos Carlos y Ángeles y el abuelo de sus cuatro nietos.

Cuando estaban terminando la carrera Luis comenzó a cultivar esa gran bolsa de alumnos dando clases particulares en Valdoviño. Tanto impresionó a su suegro los esfuerzos que hacía por estar cerca de Geles que le encontró un trabajo de ayudante de tubero en Bazán. «Se levantaba a las seis de la mañana para venir en bus desde Valdoviño, hizo muchos esfuerzos para seguirme», rememora ella. Y así siguió haciendo muchos kilómetros durante los primeros 38 años que dedicó a enseñar números, primero en institutos como los de Burela, Sarria o Ponferrada (a los que viajaba a diario desde Lugo para ver cada día a su familia) y después en la ciudad de las murallas, en el antiguo Masculino, la facultad de Empresariales y el instituto de Sanxillao, donde enseñó 25 años. «Nos han llamado tantos alumnos, gente que preparó oposiciones con él y que le recordaban como un profesor tan bueno, al que le agradecían tantas cosas», cuenta su mujer, muy confortada por tantas muestras de un cariño que tiene claro que Luis siempre repartió sin tasa. «Cuando iba a Laza traía más vino para los amigos que para él. Le gustaba más ayudar a los vecinos de Valdoviño con los trabajos, por duros que fuesen, que la playa». Por eso, sus amigos que no pudieron velarle en Ferrol, podrán recordarle el viernes, día 6, en la iglesia de Santa Eulalia de Valdoviño.

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