Ya puedes comer todo el año en una de las cuevas de Valdeorras

María Cobas Vázquez
M. COBAS O BARCO

LAROUCO

Rebeca Núñez es la directora de Cova da Xabreira
Rebeca Núñez es la directora de Cova da Xabreira Agostiño Iglesias

Simón Val abrió este verano su proyecto enoturístico, una bodega con servicio de restauración en Seadur (Larouco) que se ha convertido en un imprescindible en la zona. Rebeca Núñez es la directora de Cova da Xabreira

27 sep 2021 . Actualizado a las 11:47 h.

La madre de Simón Val Armesto nació en Seadur (una aldea en el pequeño concello ourensano de Larouco, de apenas 440 habitantes) y él tenía en el pueblo el lugar al que volver. Ahí estaban los abuelos, así que era lugar de regreso con frecuencia. Simón creció viendo y disfrutando de las covas, bodegas excavadas en la tierra que en Seadur son una estancia más de la casa (aunque separada), pero que son poco frecuentes (y menos en ese número) en otros puntos de la geografía gallega con tradición vinícola. Construcciones con mucha historia que allá por el 2004 Simón y otros tres amigos quisieron ver como un posible reclamo turístico. Y se pusieron a organizar una ruta por las covas.

La idea era hacer algo de fiesta y, de paso, recaudar dinero para las celebraciones patronales de Santa Mariña. Con el tintineo de que su idea era una locura, la pusieron en marcha. Consiguieron el visto bueno de 14 propietarios. Rematada la negociación, tocaba el trabajo físico, porque muchas de las covas eran usadas como trasteros. Ni idea tiene de cuántos tractores llenos de basura y escombro sacaron antes de dar vida a la primera ruta das covas. Todo un éxito. «Contábamos con 300 persoas e chegaron 600», recuerda Simón. No fue un problema. La idea era ofrecer vino de la casa y pinchos, y si algo tiene el rural gallego es que comida nunca falta. Así nació una fiesta que se ha convertido en la principal de Larouco, y que cada año (salvo estos dos últimos, por culpa del covid) reúne a miles de personas en la pequeña aldea cada Semana Santa.

Una oportunidad

Una de las covas que siempre abrió sus puertas en la ruta fue la de la familia de Simón. Aunque en el inicio no era la que tienen ahora, sino otra. «Esta levaba moito tempo á venda e eu convencín a meu pai para que a mercara porque era para min a máis bonita», recuerda. El progenitor accedió. Se deshicieron de la suya y adquirieron la que entonces Simón bautizó como Cova da Xabreira, en referencia al monte que hay justo por detrás de la bodega. Está casi al final de una zona en la que hay casi 70 covas. «Aquí cada casa ten unha», relata. Y añade: «Temos un patrimonio único, cunha orixe non tanto produtiva como vinculado á xente». Muchas fiestas se han celebrado en ellas.