Vender el vino antes de tener la viña

Ignacio González busca financiación en Internet para comprar tres viñedos en Larouco para su bodega, La Perdida

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O barco / LA VOZ

Tenía un trabajo de oficina y muchas tardes libres, así que decidió empezar a trabajar las viejas viñas que tenía su abuela en Seadur, en Larouco. Era casi una afición para Nacho González, que tiró de sus estudios en Biología y su experiencia en gestión de proyectos europeos de agricultura ecológica para decidir que no utilizaría producto químico alguno. Nada. Trabaja las viñas con hierba vegetal, por lo que en determinadas épocas del año, las cepas ni se ven bajo la capa vegetal. «Cuando los señores pasaban y me veían en el viñedo, me decían ‘neno, a viña está perdida’; y de tanto escucharlo, me gustó el rollo para el nombre», cuenta González. Bautizó la bodega como La Perdida.

En 2012 sacó su primera añada, aunque el bodeguero dice que apenas fue una «prueba de lo que podía hacer». Un año más tarde ya empezó en serio, y ahora va en las 10.000 botellas de hasta 10 vinos diferentes. Todos con un denominador común: son solo mosto fermentado -sin levaduras ni sulfuroso- que no se filtra ni se clarifica. «Uso barricas ya utilizadas, y tinajas de barro que traigo de Albacete», apostilla. Hay una garnacha que tiene un poco de mencía, todo cultivado en parcelas de arcilla; una garnacha con sumoll, del que todavía hay un poco en Seadur; un godello con pieles; un godello sin pieles; una valencia; un palomino, variedad denostada, dice, y por ello llama al vino Malauva; un clarete que lleva palomino con garnacha tintorera, y es el proscrito... «Juego un poco con eso, porque estoy al margen de la ley», cuenta.

Esta apuesta por el llamado «vino natural» le costó no poder entrar en la denominación de origen Valdeorras. «En 2013 lo intenté, pero mis vinos, sobre todo los blancos, son muy peculiares en color, porque tienen un color intenso», explica. Y lo detalla: «Tengo un godello con pieles que está macerando cuatro meses, lo que en Europa se conoce como orange wine, que está muy de moda, pero aquí no entra». Dice que al principio le dolió no estar bajo el paraguas del sello de calidad, al entender que le iba a ser más difícil llegar al mercado; pero después le descubrió un importador americano y desde entonces va más rodado. De hecho, en la actualidad vende a 12 países (Estados Unidos, Canadá, México, Inglaterra, Francia...); y únicamente el 20 % de su cosecha se queda en España (con Madrid y Barcelona como principales mercados).

González gestiona unas cuatro hectáreas de terreno, y quiere crecer un poco más... pero poco más. «Quiero llegar a un máximo de 15.000 botellas; porque quiero tener lo que pueda hacer yo con trabajo manual», explica. Apuesta por las viñas viejas, en vaso. «No tengo nada en espaldera», apunta. Está contento con su apuesta por lo natural porque dice que la rentabilidad es más alta que en las bodegas industriales. «Los vinos salen de bodega sobre los once euros, y en el mercado están en 17 u 18», cuenta.

Quiere sumar tres fincas pequeñitas, que está intentando comprar, y otra más con la que está en tratos. Son tres viñedos que cuestan unos 12.000 euros, dinero que no tiene. «Me encontré con la necesidad de comprar las viñas y si buscas financiación, ahora mismo los bancos no dan», dice. Fue así como llegó a la idea de lanzar un micromecenazgo a través de Internet. Y asegura que no puede estar más contento. «En apenas 20 días he cubierto la mitad de las necesidades, así que va muy bien», asegura. «Es algo así como una venta anticipada. Es un modelo alternativo de financiación en el que como recompensa das a la gente vinos en primicia, porque algunos son partidas muy localizadas que no son fáciles de encontrar», explica el bodeguero. La mayoría de las aportaciones, añade, llegan de Francia. «Vendo muy bien allí», añade.

Quedan once días. González trata de juntar 12.000 euros a través de la plataforma Verkami. Allí ha lanzado su campaña de micromecenazgo, a la que ayer a última hora de la tarde se habían sumado 72 personas, con 8.485 euros. ¿Cuánto cuesta ser mecenas? Hay posibilidades desde 35 a 600 euros.

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