«Sigue habiendo cierto distanciamiento entre el funcionario y el ciudadano»

Manuel Prieto Domínguez, vicesecretario de la Subdelegación del Gobierno, se jubila tras dedicarse durante 45 años en la función pública


ourense / la voz

El despacho ya está recogido, aunque su trabajo seguirá durante mucho tiempo rigiendo el día a día de los funcionarios de la Subdelegación del Gobierno. Tras 45 años de servicio, Manuel Prieto Domínguez, se jubila «forzosamente», dice. Dejará de ser vicesecretario general el 31 de diciembre, con 70 años.

Afirma que la infancia es la época más feliz de cualquier persona y, en su caso, forjó su personalidad. Hombre de afinada y envidiada memoria, recuerda perfectamente cuando a los 9 años ingresó en el Seminario, dejando a su familia y amigos en Entrimo. No aguantó el encierro y sus ansias de libertad le llevaron a escaparse a los 11 años. «Me escapé sin nada y llegué hasta Entrimo», recuerda. Aunque sus padres quisieron que regresara no fue readmitido. Antes, explica había sido monaguillo y asistido a más de una extremaunción que han hecho de él un hombre muy sensible al sufrimiento humano.

En 1963 toda su familia se traslado a la capital ourensana donde sus padres regentaron una pensión, en la ahora calle Concordia. En 1974 ingresó en el cuerpo especial administrativo de la dirección general de seguridad y fue destinado a Barcelona, donde estuvo 7 años, en comisarias y brigadas de documentación hasta julio de 1981 que fue trasladado a Viveiro, a una comisaría de nueva creación. Y en enero de 1986 llegó a Ourense. Aprobó las oposiciones al cuerpo de gestión de la administración civil del Estado y a partir de entonces guarda toda la memoria de la Subdelegación del Gobierno, con funciones en todos los departamentos. «Toda la casa la tengo en la memoria», afirma. Por sus manos pasaron temas relacionados con Protección Civil, autorizaciones, manifestaciones, explosivos, armas, pirotecnia... Multitud de funciones, de facetas, y muchas horas de trabajo, muchas en casa. Todo ha requerido de su firma.

«Venía de comisarías, de un ambiente diferente, y cuando llegué aquí todo era distinto. El gobernador era como el virrey, hasta que se crearon las autonomías y se derivaron funciones». Con 45 años sin coger una baja en la administración señala: «Mi norte siempre ha sido el ciudadano. Nosotros somos servidores públicos de todo aquel que entra por la puerta, facilitándole todo lo mejor posible, aplicando la normativa y asesorándoles. El ciudadano está obligado muchas veces a solicitar nuestro servicio y si aún encima se le ponen pegas... Nuestra vocación, la del funcionario, es servir al ciudadano lo mejor posible. Así todo en la administración sigue habiendo cierta distanciamiento entre el personal y el ciudadano, aunque en la Subdelegación, en general, funciona bastante bien».

Manuel Prieto ha tenido que vivir muchos cambios en la administración, desde emitir los carnés de identidad a mano hasta guardar todo en ordenadores y utilizar la firma electrónica. «Escribí miles de documentos a manos y ahora dejo en el ordenador más de 15.000», afirma.

Ha pasado por todas las unidades de la Subdelegación del Gobierno, lo que le ha permitido tener ahora una visión completa y global de todo lo que sucede dentro de la «casa», como la llama. Esto, unido a su memoria prodigiosa, le convirtieron desde el 2007 en el vicesecretario de la Subdelegación. Un bagaje que solo da la experiencia y que con su marcha se perderá.

«Me critican por ser meticuloso. Con las nuevas tecnologías se ha perdido mucha redacción y se lee menos, en general». Cinco subdelegados del Gobierno se han apoyado en su experiencia: «Su función era más política. La mía, de gestión».

«La actividad es la madre de todos los bienes y el ocio, el padre de todos los males»

Manuel Prieto asegura que la única forma de desempeñar bien su trabajo es estudiar mucha normativa. «No hay otra manera de hacer las cosas que conocerlas. Como he dirigido varias unidades...». Y seguidamente, para ejemplificar su función en la administración, recuerda una frase de Alfonso Guerra: «Él decía que estaba en la cocina preparando los platos y Felipe González los servía. Esa es mi función, la de Guerra», dice. Como procesos complicados señala la preparación de las elecciones y como anécdota relata cuando en vísperas de Navidad estuvo achicando agua toda la noche de la planta alta del edificio. Y la mayor satisfacción personal ha sido la redacción de cartas de servicio y una guía de trámites y procedimientos de toda la Subdelegación. Documentos que quedarán para el buen funcionamiento. Dos de los tantos legados que deja.

Ahora inicia una nueva vida. Aunque, señala, no parará: «Me podría haber jubilado a los 60 años, a los 65 pedí la prórroga y ahora aún seguiría. Yo sin actividad me muero. La actividad es la madre de todos los bienes y el ocio, el padre de todos los males», afirma. Aun así, y después de dedicar toda su capacidad a su trabajo, Manuel Prieto tiene cuerda para rato. Entre otras cosas, y después de haber revisado miles de proyectos de edificación, señala que es capaz de construir una casa desde el suelo a la antena. Y que ya lo ha hecho. Además, es un apasionado de la viticultura y la enología. Ahora podrá disfrutar más de sus aficiones, siempre al lado de su mujer Fina Lozano, de su hijo David y de su nieto Mateo. Los ejes principales de su vida, además de la función pública y el servicio al ciudadano.

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«Sigue habiendo cierto distanciamiento entre el funcionario y el ciudadano»