La vida inesperada de la Cantina do Pedro

edith filgueira OURENSE / LA VOZ

ENTRIMO

Agostiño Iglesias

Cerca de la jubilación, esta ourensana recuerda los inicios del bar que la atrapó

24 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Pedro Rodríguez (Entrimo, 1952) tuvo que dejar a un lado uno de los amores de su vida. Con lo que eso duele. Y al frente de ese amor se quedó otro. Hace algunos años que es su mujer, Rosa Sanmiguel (Laza, 1958), la que, además de elaborarlos, sirve pequeños pecados desde detrás de una angosta barra de bar.

Hace justo 35 años que en el número tres de la calle Viriato abrió sus puertas el templo ourensano de los chorizos al vino. Santuario que adquirió devotos sin pretensión alguna de convertirse en mito. «En el Boletín aparece como que abrimos en 1984, pero en realidad fue un año antes. Por aquel entonces tardaban mucho en darte el permiso oficial pero no pasaba nada si querías ir trabajando sin el permiso», explica sonriendo como quien recuerda tiempos mejores.

La Cantina do Pedro fue, en sus orígenes, una tienda y la reconversión en bar requirió de una fuerte inversión que tuvieron que costear entre Pedro y otro socio. Socio que al pasar dos años se jubiló y dejó en manos de los actuales propietarios todo el peso del negocio. «Las obras nos costaron mucho porque en esta zona todas las edificaciones son de piedra», recuerda mientras observa los cuadros labrados en madera que adornan las paredes. «Pero también es verdad que trabajo no nos faltaba. Antes no podíamos abrir un día del fin de semana sin tener, por lo menos, cuatrocientos choricitos preparados. Hubo algún domingo que incluso contabilizamos más de mil pinchos. Ahora esos mil pinchos me sobran para toda la semana», afirma.