Compras en AliExpress y hoteles en Sanxenxo con dinero de la cuenta de un pensionista

Marta Vázquez Fernández
m. vázquez OURENSE / LA VOZ

CELANOVA

Santi M. Amil

«Yo lo cuidaba» alega una acusada de haber engañado a un septuagenario para que la autorizara en su libreta de ahorros

09 abr 2021 . Actualizado a las 14:01 h.

Que hubo un «desplazamiento patrimonial» de 41.000 euros de la cuenta de un pensionista a otra en la que figuraba como titular una vecina de Celanova es algo que no se discute. Sobre lo que tendrán que pronunciarse los magistrados de la Audiencia provincial de Ourense es si en ese movimiento de dinero medió engaño por parte de la beneficiaria, que sin ser pariente del perjudicado, ya fallecido, logró que aquel la autorizara para hacer movimientos en su cuenta. De probarse esto último, Romina P. R. podría ser condenada por un delito continuado de estafa por el que las acusaciones piden penas de entre cinco y siete años de prisión, además de la devolución del dinero.

Los hechos se desarrollaron a partir del 2011, cuando la acusada y Benito V., un emigrante en Venezuela que había vuelto a Celanova y se alojaba en una pensión sin ascensor ni calefacción, se conocieron en el bar que ella regentaba. «Él no tenía familia y entablamos amistad», dijo la acusada en el juicio celebrado este jueves, asegurando que ella se ocupaba de acompañarlo al médico, de darle la medicación o de comprarle ropa nueva, asuntos para los que él le daba dinero. «Me daba entre 300 y 400 euros, y en una ocasión me llegó a pagar 1.000 porque me hacían falta» explicó la acusada, que solo quiso contestar a las preguntas de su abogado. En 2016, con 75 años, el hombre ingresó en una residencia geriátrica, sospechan las acusaciones que pudo hacerlo inducido por la imputada, quien habría aprovechado para conseguir que él firmara un documento para autorizarla en la cuenta. Se constató que entre el 27 de mayo del 2016 y el 23 de marzo del 2017, Romina hizo transferencias a su favor por valor de 41.200 euros. Ella trató de justificarlo asegurando que cada vez que iba a visitar a Benito le llevaba dinero a escondidas, ya que se prohibía a los internos tener demasiado efectivo.

Pero esta «generosidad» del jubilado hacia la acusada fue puesta en duda por su sobrino, quien lo calificó de «muy agarrado y pesetero». Aunque vivía en Barcelona, aseguró que visitaba en vacaciones a su tío, y que nunca le veía ropa nueva. «Usaba las prendas que se había traído hacía treinta años de Venezuela», explicó, negando conocer a Romina o que su pariente le hubiera hablado de que ella lo cuidaba. Ni siquiera estaba al tanto de su ingreso en un geriátrico. «Es imposible que él la autorizara en su cuenta, eran los ahorros de toda una vida» dijo en la sala de vistas, asegurando que se enteró del desfalco en la cuenta cuando lo avisaron de la residencia.

Y es que fue una de las educadoras del centro la que estaba con Benito cuando se descubrió la ausencia del dinero al acudir el perjudicado a actualizar la cartilla de ahorros. «O empleado da caixa preguntoume se eu era Romina», dijo esta testigo en el juicio, añadiendo un comentario que le hizo: «Pois menudo sueldo ten Romina». En ese momento el perjudicado supo que de su cuenta faltaba mucho dinero. «Benito díxome que non podía ser, que solo pagaba a residencia, estaba moi disgustado». Este malestar del perjudicado lo constató también la directora del geriátrico, que incluso llamó a la acusada por teléfono para que devolviera el dinero. «Me dijo que estaba en otra cuenta», recordó en el juicio, asegurando que Benito nunca salía de la residencia ni gastaba nada que no fuera en medicinas. También negó que cuando falleció, al hombre se le encontrara dinero.

«Esto es sencillo, la acusada conoció a Benito, se ganó su confianza y luego lo engañó», aseguró el abogado de la acusación particular, que recordó que todo el dinero se extrajo de la cuenta a partir del ingreso del pensionista en la residencia. «Hay cargos de pedidos en AliExpress, hoteles en Sanxenxo y Baiona, compras en Amazon, tiendas de ropa de niños, joyerías ¿Qué gasto hay que pudiera ser en favor de Benito?» se preguntó.

La defensa, por su parte, pidió la absolución de la imputada, asegurando que «está acreditado que hubo cuidados y que él prestó autorización para que ella estuviera en la cuenta». Por cierto, quedó en el aire si hubo una práctica «más o menos reprochable» por parte del banco para esa autorización.