«En una sala de vistas hay que entrar con tensión; si te da igual, vas mal»

La abogada ourensana Mayte López Pérez-Cruz estuvo en el juicio de Campo Algodonero, por los feminicidios en México


ourense / la voz

De una primera infancia en Celanova a una adolescencia en la capital y el salto posterior a Salamanca, para estudiar la carrera de Derecho. Echa la vista atrás Mayte López Pérez-Cruz para esta entrevista y se ve jugando en el claustro del monasterio de San Salvador, en Celanova. Su abuelo regentaba el hostal Comercio, situado justo al lado, y ella aún recuerda sus horas de esparcimiento en aquel patio tan especial. Luego, a los 6 años, su familia se trasladó a Ourense y estudió en Carmelitas hasta que hizo la maleta para estudiar la carrera que siempre le había atraído. Bueno, en realidad había dos opciones. «Quería ser monja misionera o abogada, pero mi abuela me persuadió de lo primero, y me decidí por la abogacía», cuenta. Y así se convirtió en la primera letrada de su familia, y confiesa que nunca se ha arrepentido del paso que dio. «Me gusta el ejercicio y aunque a veces te da disgustos, cuando te da satisfacciones es muy gratificante», asegura.

Pero hubo un proceso entre su licenciatura en la universidad y el desembarco en el mundo real de la profesión. «Cuando sales de la carrera es complicado empezar por tu cuenta. Los estudios en Salamanca eran chapar y chapar, aquello era una máquina de preparar opositores. Éramos 500 alumnos por aula y teníamos muchísimos exámenes finales orales. Te lo jugabas todo a una carta. Y a mí después de tanto estudiar el ejercicio me tiraba, pero empezar sin experiencia era difícil, por eso la escuela de práctica jurídica era un trampolín para ver casos reales», asegura. Luego hizo la pasantía en un despacho «con mucha gente y buen ambiente», el del ya fallecido José Luis Carnicero, y reconoce que allí estuvo muy arropada. «Contar con un apoyo desde el principio es fundamental en esta profesión», advierte.

Y aún recuerda la primera vez que se puso la toga para defender a un cliente en una sala de vistas. «Era con la magistrada Amparo Lomo del Olmo, y yo ya le advertí que era mi primer juicio, pero ya en el estrado me temblaba la mano, y recuerdo que la fiscal me la cogió y me dijo, ‘tranquila’», rememora, reconociendo que con los años ha ido perdido el miedo escénico, si bien sostiene que «la tensión las sigues teniendo cada vez que entras a una sala de vistas, y eso es bueno, porque el día que vayas a un juicio pensando que te da igual, vas mal».

Más tarde empezó a compaginar el ejercicio con el asociacionismo y así llegó a la agrupación provincial de abogados jóvenes, de la que fue primero tesorera y luego presidenta. Era el inicio de una carrera de fondo que la llevó a alcanzar, a los 38 años, la presidencia de la agrupación nacional del colectivo, un cargo que le abrió las puertas a uno de los momentos más inolvidables de su carrera, su participación en el juicio de Campo Algodonero, por los feminicidios de Ciudad Juárez. «El juicio al que yo asistí en Santiago de Chile fue por el asesinato de unas niñas que aparecieron ocho años más tarde de su desaparición; las madres ni siquiera pudieron recuperar los cuerpos», admite, agradeciendo el apoyo que le prestó para ir el Consello da Avogacía Galega. El acusado era el Estado mexicano y frente a ese Goliat un grupo de abogados jóvenes que lograron una sentencia épica. «Fue una experiencia que me marcó porque vi mucho sufrimiento en aquellas familias, y mucha corrupción de las administraciones, y todo eso te hace daño. ¿Cómo les dices a las madres de esas niñas que hay Justicia?», asegura. Pero aquellas mujeres ganaron. «Salió una sentencia condenatoria del Estado mexicano que fue un hito en la historia, les obligaban a reconocer públicamente en la televisión todas las barbaridades que habían hecho y a compensar a las víctimas, pero lo triste es que no sirvió de mucho porque sigue habiendo crímenes contra mujeres que no se investigan», lamenta.

Otra de las cuestiones que centró el trabajo de Mayte durante aquella etapa fue la conciliación en la profesión. «En el estatuto no se recogía nada sobre ese asunto, no solo por temas de embarazo o maternidad, sino también para poder suspender juicios por causas familiares», cuenta. Trabajó en una enmienda para modificar las cosas, pero a día de hoy no ha logrado aún aprobarse.

«Tener un abogado de cabecera es bueno; estamos para ayudar»

Aunque en el bufete de Mayte llevan sobre todo temas civiles y laborales, la profesional defiende el modelo de despacho pequeño y generalista. «En una ciudad pequeña no te puedes especializar demasiado, y además esto es más enriquecedor», asegura. Y recuerda que la figura del abogado se debe ver como el de un profesional al que recurrir no solo para ir al juzgado. «Es importante tener un abogado de cabecera para todo, porque la gente firma cosas que luego a veces son complicadísimas de revocar. Tener un abogado que te asesore para cualquier trámite es algo bueno, porque te puede ayudar cuando firmas un contrato de trabajo o un préstamo; yo entiendo esto como o un servicio al cliente, para solucionarle el problema. Esa es la inquietud con la que empecé y que mantengo», afirma. La profesional es la única abogada ourensana que tiene la medalla al mérito en el servicio de la abogacía española, que le fue concedida en 2014.

 EL DNI

Quién es. Nació en 1970 en Ourense. Vivió hasta los 6 años en Celanova y luego se trasladó a la capital.

Profesión. Abogada. Estudió Derecho en la Universidad de Salamanca y más tarde montó despacho propio.

Su rincón. El Liceo. «Mis padres eran socios; él iba todos los días y yo me veo de pequeña, jugando allí y en los jardines de Bispo Cesáreo, porque una tía de mi madre tenía el hotel Barcelona». Mayte, su marido y sus dos hijos también son socios.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Ourense

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

«En una sala de vistas hay que entrar con tensión; si te da igual, vas mal»