La pasión por la Pasión de Cristo

Medio centenar de voluntarios representan cada año, en la iglesia del Mosteiro de San Salvador de Celanova, las últimas horas de Jesucristo antes de ser crucificado

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Representación de la Pasión de Cristo en la iglesia del Monasterio de San Salvador en Celanova Representación de la Pasión de Cristo en la iglesia del Monasterio de San Salvador en Celanova

Ourense / La Voz

«No sabía que había esta representación en Celanova. Me pareció preciosa y está muy lograda. La pena es que no se divulgue más en el resto de España. Yo soy de Ourense, aunque llevo 50 años viviendo en Madrid, y no la conocía», sale diciendo Mario de Justo de la iglesia del Mosteiro de San Salvador de Celanova. Como él, muchos turistas que llegan al templo, mapa en mano, buscando imágenes y resguardo de la lluvia toman asiento y disfrutan del espectáculo.

Desde hace 27 años, el Viernes Santo se vive con especial emoción en el municipio con la representación de la última cena, la detención, el enjuiciamiento y la crucifixión de Jesucristo. Cada año se pulen detalles y se mejora el vestuario gracias a la disposición y el tesón de los vecinos que se prestan voluntarios para que más de doscientas personas tomen asiento y rememoren la Pasión de Cristo. 

«Participan en torno a 55 personas, aunque algunos tienen que hacer doble papel. Este año la joven que se mete en la piel de la Virgen María también tiene que hacer de mujer de Poncio Pilato porque no todos los años pueden interpretar los mismos. El que hace de San Pedro también interpreta a uno de los acusadores. Hay que tener en cuenta que estamos en periodo vacacional», confiesa sonriendo el párroco Cesáreo Iglesias. Las últimas horas de Jesús están en representación: la traición de uno de sus discípulos (Judas Iscariote) y la negación de otro (San Pedro), la oración del Huerto de los Olivos, su prendimiento, su periplo judicial entre interrogatorios, las burlas y torturas a cargo de los soldados, la flagelación y la crucifixión. 

Los actores empiezan a ensayar la obra diez días antes y se alquila megafonía para que el sonido de la música sea envolvente. «Este año compramos algunos trajes de romanos, pero resulta caro el vestuario de época. Lo bueno es que a la gente le gusta y esto ya es una tradición, pero sin la colaboración de los vecinos y algunos particulares no podríamos hacerlo tan bien. Los organizadores de la Festa da Istoria de Ribadavia nos prestan las prendas de los judíos. Y también tenemos que pagar a la banda de música, como es normal», explica el párroco sobre lo que se mueve entre bambalinas.

La representación comenzó siendo un juego de niños que se preparaban para hacer la Confirmación y ya ha superado el cuarto de siglo de celebración. «Cuando empezó a hacerse el texto era más elemental y duraba unos 50 minutos. Ahora dura una hora y media y se hace bajo la dirección de Alfredo Dorado», puntualiza el cura.

Los efectos especiales de humo y luces envuelven a creyentes -y no tan creyentes- en un historia que ya es conocida por todos pero que mantiene en vilo y tensión hasta el final. Doscientas personas, con los ojos muy abiertos, sentadas en los bancos, pero también en el suelo o de pie. Es la pasión por la Pasión de Cristo.

Por la tarde, siempre que el tiempo lo permite, es el momento de la procesión en la que un centenar de cofrades pasean las imágenes del templo, algunas de los siglos XVII y XVIII.

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