La furgoneta atascada detrás de un chalé robado sustenta la condena al autor del hecho

El juez no cree la coartada del acusado, que decía haber ido a un lugar intransitable con una prostituta


ourense / la voz

Una furgoneta no averiada, pero sí atascada en un camino prácticamente intransitable que está detrás de un chalé donde se había producido un robo, dio a la Guardia Civil la pista fundamental para llegar al autor -o, por lo menos a uno, si es que fueron varios- de aquella acción en la madrugada del 13 al 14 de octubre del 2017. Las explicaciones de José Paspayo F. B., que a modo de justificación afirmó que había acudido a aquella lugar con una prostituta, no convencieron al juez, que lo acaba de condenar a dos años de prisión.

Absuelto en septiembre de una acusación de malos tratos y abuso sexual, que el implicado había vinculado con la disputa anterior por la custodia de los menores, el Juzgado de lo Penal 1 lo condena por robo. Para un hombre que en su día estuvo en la cárcel por tráfico de drogas y que salió indemne a un atentado con explosivos en la puerta de su casa, que hace dos años aceptó otra condena menor por haber reanudado la convivencia con su pareja pese a un orden de alejamiento, dos años de prisión lo sitúan en una posición incómoda una vez que la sentencia sea firme. La vuelta a la cárcel es una posibilidad real.

La vivienda donde se produjo el robo estaba vacía el día de los hechos. La dueña no estaba. Una vecina oyó de noche el ruido de un vehículo derrapando. Y al día siguiente había una furgoneta de color azul. Y aunque ya habían pasado diez días, la Guardia Civil llegó a ella. Había quedado embarrancada la noche del suceso. Paspallo ya estaba a las ocho de la mañana en la puerta del taller, para que le ayudaran a retirar la furgoneta. Sin dormir.

Se escudó José en que había acudido al lugar con una prostituta para pasar allí el rato. Al juez le extraña que eligieran un lugar tan apartado cuando el acusado tiene casa propia, como tampoco cree la excusa de que a veces se presentaba su exmujer en la vivienda. Precisamente por esa condición de ex, el juez dice no entender «qué problema podría haber en que el acusado estuviese con quien le apetezca, aparte de que, si quería evitar la visita sorpresiva, sería tan sencillo como cerrar la puerta con llave».

Miles de sitios en Celanova

Por si no fuera suficiente lo dicho sobre su propia casa, «podrían ocurrírsele al acusado miles de sitios en Celanova en los que podría encontrar un poco de intimidad sin necesidad de meterse en un sitio prácticamente intransitable». Por ello, si tampoco ofrece dato alguno de la mujer -aunque otros testigos le ponen nombre- es «porque realmente no fue esa la razón de su presencia en el lugar».

El acusado conocía la vivienda, lo cual permitía saber de un acceso fácil por la parte trasera; en el registro domiciliario aparecieron efectos que la denunciante identificó. No puede, por ello, ser fruto de la mera casualidad. El juez, sea como fuere, tampoco descarta que otras personas hubieran participado en el robo, pero no tiene dudas de que uno de ellos fue Paspallo.

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