Ourense recibió a 800 personas de Venezuela en el último año

Las salidas del país caribeño se han triplicado desde 2016, calculan las asociaciones


ourense / la voz

Alrededor de 800 personas han podido llegar a la provincia de Ourense en el último año, huyendo de la crisis económica, social y política de Venezuela. Más allá de datos numéricos actualizados -la estadística provisional de migraciones del INE de 2017 refleja un crecimiento del 44 % de población venezolana en España, con casi 28.000 personas llegadas el año pasado del país caribeño- la comprobación empírica también lo demuestra.

Algunas comarcas, como Terra de Celanova, se están repoblando algo gracias al éxodo venezolano. En la zona está radicada desde hace dos años la Asociación Cultural Cantaclaro, que realiza actividades de integración del venezolano emigrante y de origen. «La población de Celanova ha aumentado en el último año en 50 familias que han retornado y se ha incrementado la matrícula escolar: el año pasado, treinta niños y este, van a llegar doce», enumera Daysi Ramírez, la presidenta. Lo corrobora el alcalde de Celanova, José Luis Ferro: «No 2017, o padrón aumentou en 40 persoas de retornados de Venezuela». El regidor ve esta situación como una oportunidad más que un problema. El saldo migratorio de Galicia es positivo: 6.769 personas más entraron que salieron el año pasado, según datos aportados por la Secretaría Xeral de Emigración, que ayer organizó en Celanova una jornada informativa sobre emigración y retorno, donde se explicaron las ayudas de la Xunta para este colectivo. En 2016, regresaron a Ourense 921 gallegos y 323 procedían de Venezuela. Desde entonces, la situación se ha deteriorado aún más en el país caribeño y mucha gente tiene que salir. «En Galicia hemos recibido cuatro mil y en Ourense, más de 800, contando de abril del año pasado a este, y vendrán más», asegura Ramírez. En 2017, subió hasta 6.696 personas el censo de gallegos residentes en Galicia nacidos en el exterior, dijo el secretario xeral, Antonio Rodríguez Miranda.

Problemas para renovar pasaportes por la escasez e impago de pensiones

Hace décadas, el venezolano que venía a Celanova solía llegar con mucha plata a pasar largas vacaciones. Ahora vuelven para quedarse, buscando ayudas de inicio y montando negocios propios. Es frecuente escuchar el acento venezolano en el parque infantil. Manuel Pérez, de la Federación Venezolanos en Galicia (Fevega), explica que se han tenido que ir familias enteras, porque situaciones tan cotidianas aquí como ir al parque no son posibles en Venezuela por la inseguridad. «Yo no podía ir a la Universidad», menciona la profesora Celsa Álvarez.

Un problema al llegar es el distinto funcionamiento administrativo de ambos países. «La burocracia en Venezuela es muy lenta. Gente que vive y trabaja aquí tiene muy difícil renovar su pasaporte, documento que piden para prorrogar la residencia, lo que se convierte en una tragedia. Aquí hay más orden y las instituciones funcionan, los que llegan tienen que acostumbrase, porque allí nada funciona», dice Pérez.

Desde la asociación de pensionistas y jubilados, su presidente, Andrés Varenkow, menciona el problema del impago de pensiones que sufren diciembre del 2015. Les aparecen como reconocidas y el INSS les niega complementos. Más de 50 sentencias, asegura Varenkow, apoyan que este criterio no es válido. Al cambio actual, la pensión serían diez euros mensuales.

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