«Me hice médico por afán de ayudar»

Miembro del equipo que puso en marcha el Centro de Orientación Familiar en 1984, Antonio José Vázquez Santalices llegó a ser denunciado por la introducción de las vasectomías en la sanidad pública


ourense / la voz

Los pacientes de Antonio José Vázquez Santalices (Ourense, 1952) en lo que poco a poco ha dejado de ser el Centro de Especialidades, ahora reconvertido para otros fines dentro del ámbito sanitario, sabían que su médico madrugaba. A las ocho menos cuarto ya estaba allí, aunque formalmente no tuviera la primera cita hasta mucho más tarde. Y empezaba a atender. Antes que nadie. Promovía la autogestión. El primero en llegar era el primero en entrar. El siguiente iba pidiendo la vez y así hasta dejar la sala vacía. Cincuenta pacientes al día son muchos, nadie lo duda, pero no le faltaba disposición. En uno de sus últimos días en la consulta de la calle Concello llegó a ver a 77 personas, de las cuales catorce acudían por primer vez. Cumplió los 65 años y lo mandaron a casa, gracias por los servicios prestados, a pesar de que se encuentra en plena forma. Que haya dejado la sanidad pública no significa que abandone la práctica de la medicina. Sus pacientes de siempre, quienes lo echen de menos, lo podrán encontrar a poco que lo busquen en su consulta privada de la capital y también en las de Celanova, As Conchas y Xinzo, a donde acude de manera regular.

Experiencia desaprovechada

«Leía hace poco una queja de los MIR, en el sentido de que ahora se encuentran con que en ocasiones quienes tutelan su formación son casi tan jóvenes como ellos, pues la jubilación forzosa a los 65 ha privado a la sanidad pública de grandes dosis de experiencia», dice Vázquez Santalices, que no ve lógico que se prescinda de personas que están a gusto, que están en condiciones y que están dispuestos a seguir. Quien quiera dejarlo está en su perfecto derecho, dice, «pero no me parece lógico que se deje perder la veteranía».

Tuvo claro desde joven que quería ser médico. No había ninguno en su familia, pero era lo que quería. «Me motivó algo tan sencillo como es un deseo general de ayudar a la gente: diría que me hice médico por afán de ayudar», dice este especialista, que confiesa la influencia que sobre él ejerció el urólogo Fidel Taboada. Tan claro lo vio que marchó a Barcelona a formarse en la Autónoma. Y allá empezó a trabajar, en un ambulatorio y en un hospital. Los años ochenta lo trajeron de vuelta a casa, primero al hospital provincial y después al Centro de Especialidades. Formó equipo en el Centro de Orientación Familiar, que abrió sus puertas en 1984 con el ginecólogo José Luis Doval como director.

Entre el delito y el pecado

Las vasectomías eran pecado. Como el aborto, que alcanzaba la categoría de delito. «No se podían hacer, sencillamente». Pero se hacían. Al joven urólogo, empeñado en atender la doble función planificadora de ayudar para tener, o para evitar, lo denunciaron por esta última variable. Tampoco han pasado tantos años. Quedó en nada, como es natural, pero fue incómodo. «Hoy lo piensas y sonríes, pero entonces, cuando me enteré de la denuncia y me llamaron del colegio de médicos, me quedé muy sorprendido». Desde entonces hasta ahora han sido miles de vasectomías las que ha hecho en Ourense.

Los estudios de esterilidad y las vasectomías fueron durante mucho tiempo el pan de cada día en la consulta de este ourensano. Era el especialista de referencia para muchos miles de vecinos de la capital y amplias zonas de la provincia, que sabían que podían aprovechar el primer coche de línea de la mañana para acudir al urólogo y aprovechar el resto del día, si querían, pues sabían que si llegaban pronto a la consulta, iban a poder regresar a casa a una hora aceptable. Era una de las ventajas, tal vez la más prosaica, que ofrecía a los usuarios su condición de madrugador.

«El viagra supuso una auténtica revolución para la disfunción eréctil»

Se ha movido Vázquez Santalices al ritmo que marcaban los distintos avances en su especialidad. Entre ellos, la aparición de la viagra como fármaco para la disfunción eréctil. «Supuso una auténtica revolución. Cambió muchísimas cosas y, sobre todo, hizo que mucha gente recuperara una actividad que en no pocos casos empezaba a ver, o había visto, cómo se alejaba», dice el médico. ¿Problemas? «Claro que los hubo. No se puede correr un maratón, de un día para otro, tras haber salido de una lesión grave. Aquí ocurrió que alguna gente se excedió y el corazón lo pagó. Es tan sencillo como eso. No es tanto un problema del fármaco, sino de un mal uso», advierte el especialista. Sea como fuere, resalta que la pastilla azul ha traído muchos cambios.

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