Un pequeño asesor para Feijoo


HHubo un tiempo, quizás por sobredosis, que no estaba muy de acuerdo con las visitas institucionales que llevaban a nuestros políticos a guarderías, colegios y residencias de ancianos. Ahora, con excepciones, las veo hasta útiles. Es probable que les sirvan para algo más que para salir en las fotos. Al fin y al cabo, son un baño de realidad. Las visitas les son útiles a quienes nos gobiernan para mantener a raya, por ejemplo, el síndrome del despacho, que viene a ser algo así como el síndrome de la torre de marfil pero con una administración y un cargo de por medio.

Para que ejerzan ese efecto hay que contar con anfitriones sinceros y que no tengan medio a decir las cosas ya que uno de los grandes problemas de aquellos que tienen poder es la tendencia de quienes los rodean a decirle solo lo que quieren oír. Aunque sean tonterías. De la importancia de esa sinceridad tomó nota esta semana el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, que compartió pupitre en Celanova con escolares que no dudaron en decirle que tienen demasiados deberes. Al conselleiro se lo dice directamente su hijo, según aseguró. En su caso, la realidad la trae incorporada de casa. Lo que da una idea de cómo son esos deberes -y, por tanto, de cómo es nuestra educación- es la forma que tuvo el chaval en cuestión de explicarlo: «Me duele la espalda de tener tantos deberes». Entiendo que al niño le duele la espalda por cargar con los libros y que eso significa que tiene muchas tareas y muy diferentes cada día.

Ningún asesor podría explicarlo mejor.

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