Las estribaciones de A Limia conservan cuatro torres erguidas para detener a los portugueses


A Limia es una de las dos grandes llanuras gallegas, una zona fácil de conquistar para el en otros tiempos enemigo portugués. Por eso fueron erguidos en ella cuatro castillos que, sobre todo, eran enormes torres y una pequeña muralla a su alrededor. De uno de ellos solo quedan unos pobres restos, otro son airosas y elegantes ruinas y los dos restantes deben ser calificados de excelentes.

Una ruta que une los cuatro parte de Sandiás. Su torre de homenaje, o mejor dicho su media torre puesto que la parte de atrás se ha derrumbado, se ve con claridad desde la autovía, ya que esta pasa a unos pocos cientos de metros. Obra quizás de la primera mitad del siglo XII, en el XV sufrió las iras del movimiento popular conocido como Os Irmandiños.

Muy cerca de la fortaleza hay que anotar dos puntos de interés: el Camino del Sudeste (la mal llamada vía da Prata) y la iglesia parroquial con su excelente puerta renacentista y su entorno muy bien cuidado.

De Sandiás, carretera a Celanova con desvío señalizado a Rairiz de Veiga, y de este pueblo hacia Bande con parada en Congostro. Esta aldea se halla al pie de un monte llamado O Castelo, donde, en efecto, se levantó una torre conocida como Celme de la que quedan los cimientos entre las enormes piedras naturales y la vegetación. El preceptivo ascenso no se encuentra asfaltado, y, aunque se meta el coche, el último kilómetro procede hacerlo andando porque el firme no permite vehículos de cuatro ruedas. ¿Cuál es la recompensa? La mejor panorámica de A Limia, con el canal a los pies.

Y si se mira justo al este se ve, abajo, la torre de Porqueira (cruce del canal en Ponteliñares), magnífico ejemplar medieval convertido en centro de interpretación de la vía Nova romana. La llave, en el bar del pueblo.

Rumbo al norte se gana Xinzo de Limia, localidad cruzada por el mencionado Camino del Sudeste, y en su centro urbano arranca una carretera siempre en la misma dirección y que lleva al monasterio del Bon Xesús de Trandeiras (abandonado; el claustro, magnífico. Existe un proyecto nunca concretado y menos aún presupuestado de convertirlo en residencia para la tercera edad) y al castillo de A Pena, en buen estado y que permite divisar toda la cadena montañosa que cierra, también por el norte, A Limia.

En el caso de que se quiera dar un paseo, desde la fortaleza se desciende hasta el coche y en vez de tomar la pista por donde se subió se elige el camino de la izquierda. Al final se llega al mismo sitio.

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