Una fiesta por la jubilación del cura

Castro Caldelas homenajea al sábado a José Rodríguez Blanco, que se retira tras 45 años como párroco en la localidad

Rodríguez Blanco sigue dando misa cada tarde en la parroquia ourensana de A Asunción
Rodríguez Blanco sigue dando misa cada tarde en la parroquia ourensana de A Asunción

O Barco

Con 88 años tocaba jubilarse. José Rodríguez Blanco, el que durante los últimos 45 años fue el cura párroco de Castro Caldelas, ha dado un paso atrás. Llevaba ya dos retirado, pero seguía colaborando. Desde el pasado 31 de octubre reside en Ourense, ciudad a la que se mudó con su hermana y donde cada tarde sigue oficiando misa en la parroquia de la Asunción, «porque un nunca deixa de ser cura», resalta. «É case un deporte», añade. Este sábado, los que durante más de cuatro décadas fueron sus vecinos, le rinden homenaje. «A min teríame gustado non ter nada, pero non podía dicir que non. Estou agradecido porque é unha mostra de cariño», señala. No en vano pasó ahí buena parte de su vida este hombre, nacido en Atás (Cualedro) en 1931, que a los diez años entró en el seminario y que se ordenó cura en 1954.

«Estreeime en Toro (Laza). Botei alí tres anos», relata. Después estuvo dos años en San Martín de Porqueira antes de llegar a Vilamaior da Boullosa (Baltar) donde pasó otros 15. «E o 29 de agosto de 1974 desembarquei en Castro Caldelas», cuenta. Dice que nunca le faltó trabajo. Cuando llegó tuvo que afrontar el arreglo de la iglesia dos Remedios, «na que chovía dentro coma fóra, ou máis». Las obras costaron 1.600.000 pesetas, que sufragó con fondos que aportó el Estado «e que nos deron a vida» y con la donación de los fieles. «Houbo quen dou 50.000 pesetas, e houbo quen dou menos, pero que polo que tiña lle supuña moito máis esforzo», dice Rodríguez Blanco. Fue un esfuerzo grande en el que le tocó arrimar el hombro. Cuenta a modo de anécdota que los vecinos se sorprendieron cuando le vieron con la funda puesta haciendo de pinche de albañil en las obras de la iglesia, «pero acabáronse adaptando», recuerda entre risas. También le tocó arreglar la vieja casona para hacer las viviendas de tres sacerdotes y «loitar coas cousas do pobo». Tal fue su implicación con Castro Caldelas que formó parte del movimiento asociativo e incluso estuvo en el equipo de fútbol. Dice que menos jugar, hizo casi de todo. «Nunca pensei en marchar, sempre estiven entretido», destaca. ¿Cómo no iban a hacerle una fiesta de despedida? El homenaje es el sábado, con una misa a las doce con el obispo. Y después comida en el castillo.

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