Cuatro catamaranes, más de 60.000 viajeros y solo veinte aparcamientos

Las bodegas reclaman mejoras en el entorno del embarcadero del cañón del Sil


MONFORTE / la voz

Cerca de 60.000 viajeros utilizaron a lo largo del 2018 los catamaranes de la Diputación de Lugo que recorren el cañón del Sil. Fue un año récord para esta ruta solo con la referencia de las embarcaciones propiedad del organismo provincial. Porque el número de pasajeros que desfilaron por el club náutico situado en la carretera de Monforte a Castro Caldelas fue mayor. A esos datos habría que sumarle la ocupación de los dos catamaranes de titularidad privada con base en el pantalán de la margen ourensana. Para hacer frente a todo este movimiento turístico, apenas hay disponibles una veintena de aparcamientos. Y unos exiguos aseos en los que se forman grandes colas en las horas punta.

Cuando salen varios catamaranes a la vez, la circulación en el entorno del embarcadero llega a ser caótica. «Chegan a xuntarse máis de cen persoas e non hai forma de organizar o tráfico. Hai xente que se ten que ir sen subir ao barco», dice uno de los bodegueros que asistieron a la reunión preparatoria del próximo Festival do Viño. No solo se habló de la muestra vitícola que tendrá lugar en Monforte el primer fin de semana de julio. También se pidió la mediación del alcalde para mejorar la infraestructura turística del lugar más visitado de la Ribeira Sacra.

El embarcadero de la Diputación, ubicado dentro del municipio de Monforte, dispone de un aparcamiento que no llega a las veinte plazas de turismos. Los autocares se las apañan como pueden para dejar o recoger a los viajeros y muchos vehículos aprovechan el arcén para estacionar en una carretera estrecha y plagada de curvas. «É evidente que no embarcadoiro hai un cuello de botella para o tráfico. Penso que poden facerse cousas, coas deputacións de Lugo e Ourense, para mellorar o estacionamento. Do lado de Ourense, parece algo más fácil», dice el alcalde de Monforte, José Tomé.

Un trayecto muy rentable

La afluencia turística aumenta y el embarcadero del catamarán del Sil y su entorno son el principal escaparate de la Ribeira Sacra. La carretera de Monforte a Castro Caldelas -cuya titularidad corresponde a la Xunta- permite rentabilizar al máximo un trayecto relativamente corto. Allí están el embarcadero, los miradores de la ribera de Doade, bodegas claramente enfocadas al turismo, restaurantes de referencia de la Ribeira Sacra... Al menos del lado lucense, sin embargo, la zona no ofrece mucho margen para la posibles reformas. Los viñedos en bancales en los que tiene su principal atractivo encajonan por completo la carretera.

Del lado de Ourense, a poca distancia del puente que separa ambas provincias, se excavó la roca de la ladera para acondicionar un espacio destinado al cambio de sentido de los autores. En la margen contraria al río no existen viñedos y podría ser factible un estacionamiento para autobuses. «Sería unha forma de non bloquear a entrada ao club náutico. Non pasa nada por deixar alí aos viaxeiros e aparcar a un quilómetro ata que chegue a hora de recollelos», sugiere el alcalde de Monforte.

Los representantes del sector turístico subrayan que la imagen de esta zona no se corresponde ni con un destino de calidad ni con el volumen de visitas que recibe a lo largo el año. «Sabemos que as solucións non van chegar da noite á maña, pero canto antes se empece a traballar nelas antes chegarán», apunta uno de los bodegueros que pidieron la mediación de Tomé.

Carteles para evitar que los turistas circulen por las pistas que dan acceso a las viñas

El accidente en el que falleció un vecino de A Coruña reabrió días atrás el debate sobre la seguridad del tráfico en la carretera que atraviesa la ribera del Miño entre Belesar y A Cova. No es el primer percance que se registra en un vial sin quitamiedos en la margen del río y cuyo trazado sinuoso no perdona despistes. Los bodegueros que se reunieron con el alcalde para perfilar el próximo Festival do Viño alertan de un problema similar en la ribera de Doade debido a la creciente presencia de visitantes que circulan por las pistas que conducen a las viñas.

«Son pistas moi estreitas e de moita pendente nas que non é fácil conducir. Hai que estar moi atentos aos outros coches e saber onde podes apartarte se te cruzas. Se non coñeces os sitios, podes poñerte nervioso e que unha roda vaia onde non debe», dice un viticultor de Doade.

El mirador del Duque

El problema se plantea en los accesos a los viñedos que parten de las proximidades del mirador del Duque, que está siendo remodelado con arreglo a un proyecto promovido por el Ayuntamiento de Monforte. Cada vez son más los turistas que se adentran por esos ramales con el propósito de disfrutar del paisaje de la zona. El alcalde ya se puso en contacto con la Policía Local para que se señalice adecuadamente la entrada a las pistas.

«Vanse colocar indicadores para que quede claro que son pistas sen saída e de servizo para as viñas, de forma que a xente que visite o miradoiro non se meta por sitios onde logo poden ter dificultades», avanza Tomé.

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