«Mi primera guitarra era de cartón-piedra y tenía dibujos»

Raimundo Amador actúa esta noche en el Ribeiro Blues WineFestival, en Castrelo de Miño, a las 21.00 horas


Ourense / La Voz

De dedos inquietos desde que vino al mundo, Raimundo Amador ha fusionado el flamenco con lo que le ha dado la gana. Nació en Sevilla, en 1959, y pasó parte de su vida en Las 3.000 Viviendas. Ahí adquirió su modo de vida, consciente o inconscientemente, en el que la improvisación es la única regla que marca el ritmo.

-¿Tiene pensado el repertorio o va a improvisar?

-Va a ser un concierto muy en la línea de Raimundo Amador [ríe]. Me gusta hacer versiones de nuestros discos y de otros artistas como los Beatles, B. B. King o los Allman Brothers. Según veo qué le apetece a la gente, me decanto más por unas o por otras. También improviso, respetando la estructura de los temas, cuando toco canciones mías o canciones de otros. Y ninguno de mis conciertos se parece a otro. Creo que tiene lógica porque después de tantos conciertos se aburriría uno de sus propios temas. En esta ocasión me va a acompañar mi hijo a la batería y al cajón.

-¿Cuál es su primer recuerdo con una guitarra?

-Pues mi padre era guitarrista y recuerdo la primera vez que lo vi en casa con ella. Se dio cuenta de que me gustaba mucho y después la dejaba en el trabajo para que yo no la estropeara. Mi primera guitarra propia llegó cuando tenía unos cinco o seis años. Mi padre tocaba en la base americana de Rota y me consiguió una de cartón-piedra, roja con dibujos de vaqueros montando a caballo en color blanco. Cuando crecí un poco más ya me compraron una para coger soltura y me ponía a tocar en el barrio. La gente me pedía canciones de series como la de Bonanza y otros palos del flamenco. Pero donde empecé a coger soltura fue tocando en la calle. En la escuela de la calle.

-Usted siempre ha mezclado estilos que tenía interiorizados y los ha sacado creando algo nuevo, ¿qué opina de la apropiación cultural de la que critican a Rosalía?

-A nosotros nos cayeron palos por fusionar y mezclar. Pero yo no he renunciado a tocar con los mejores, ni del flamenco ni del pop ni del rock. Creo que se pueden mezclar los estilos mientras te sale solo, de manera natural, por intuición. De otro modo ni se entiende ni suena bien y el resultado suele ser una tremenda horterada. El disco de «Veneno», por ejemplo, salió solo, no fue forzado. En su momento nadie lo entendía y ahora recibe buenas críticas. Fíjate si nadie lo entendía que el primer disgusto me lo llevé con mi padre, que en paz descanse. Cuando murió se fue orgulloso de lo que había conseguido, pero al principio se cogió un mosqueo muy grande. Porque además él era guitarrista gitano puro.

-¿Le queda algo por probar con la guitarra?

-Uy, ¡claro! Me falta todavía dar mucha guerra. Me gustaría tocar con mucha gente que todavía está en activo y que son, como yo, de los últimos mohicanos. Lo que pasa es que el sello de Raimundo Amador creo que ya es imposible que lo pierda o que lo cambie [ríe].

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