25 años de la tragedia de Brués: cinco pasajeros perdieron la vida en el bus de los emigrantes
BOBORÁS
El 10 de abril del 2001 un accidente de tráfico puso de luto a Boborás
12 abr 2026 . Actualizado a las 13:16 h.Esta semana se cumplieron veinticinco años de una mañana que quedó grabada en la memoria de la provincia de Ourense y que transformó un rutinario viaje de larga distancia en una de las mayores tragedias viarias de la época. El 10 de abril del 2001, un autocar de la empresa Vibasa, que cubría la emblemática línea entre Vigo e Irún, se precipitó al vacío desde un puente sobre el río Viñao, en la parroquia de Brués, en Boborás. El siniestro, que tuvo lugar a las once y media de la mañana, dejó sin vida a cinco personas y heridos a otros siete ocupantes, convirtiendo el vehículo en un amasijo de hierros tras una caída de 25 metros de altura. El conocido como autobús de los emigrantes, un transporte que serpenteaba por Galicia recogiendo viajeros a cuentagotas en rotondas, cunetas y bares para llevarlos hacia el País Vasco, se detuvo para siempre en el kilómetro 28 de la N-541. «Vi que el autobús se iba desplazando progresivamente hacia la derecha... Oí gritar a una chica y entonces me agarré a lo que pude», recordó tras el impacto José Ángel Zabala, un joven de 28 años que logró sobrevivir a la caída y salir por sus propios medios a través de una ventana rota.
La crónica publicada un día después relataba que la escena que se encontraron los servicios de emergencia fue dantesca, con el techo del autobús prácticamente hundido tras volcar de la peor forma posible para la supervivencia de los pasajeros. La solidaridad vecinal fue inmediata y ejemplar; los habitantes de Brués se volcaron en el auxilio, e incluso el entonces alcalde de Boborás, Cipriano Caamaño, médico de profesión, cerró el centro de salud municipal para que todo el personal pudiera desplazarse al lugar del accidente y atender a los heridos. Entre las víctimas mortales se encontraban el conductor del vehículo, Andrés Rivero Estévez, de 53 años; dos ciudadanas gallegas, Amalia Durán y María Milagros Basalo; y dos miembros de una familia rumana, Elena Ursu y su hijo de tan solo 13 años, Iordan Urso Marios. El padre, Jordan Ursu, sobrevivió al accidente, pero tuvo que ser atendido por psicólogos tras conocer la pérdida de su mujer y su hijo. «El bus marchaba muy despacio y parecía que circulaba sin chófer», relató desde la clínica Fátima de Vigo Anabel Álvarez, una de las pasajeras heridas, quien describió una sensación irreal en los instantes previos al impacto. Esta percepción de los testigos fue confirmada posteriormente por el análisis del tacógrafo, que reveló una conducción prudente y velocidades moderadas: el autocar circulaba a unos 60 o 70 kilómetros por hora en el tramo anterior, reduciéndose a apenas 30 kilómetros por hora en el momento preciso en que se salió de la vía.
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Estas cifras alimentaron un intenso debate sobre las causas del siniestro, ya que no se detectaron maniobras bruscas ni frenazos. «Creemos que puede haber dos hipótesis, o al conductor le ha pasado algo o el autobús estaba saboteado», manifestó públicamente el entonces gerente de la empresa de transportes, sembrando una duda que indignó a los representantes sindicales, que respondieron con dureza, calificando la insinuación de sabotaje como una «bellaquería» y una «cobardía» destinada, según su versión, a desviar la atención sobre otros posibles problemas como el exceso de horas de conducción o la falta de descanso.
Mientras la polémica arreciaba, la investigación judicial se centró en la autopsia del conductor para determinar si había sufrido un accidente cardiovascular fulminante que le hubiera dejado incapacitado al volante. No obstante, los resultados iniciales no fueron concluyentes y fue necesario enviar muestras de órganos al Instituto Nacional de Toxicología en Madrid, un proceso que mantuvo la incertidumbre durante semanas sobre si un síncope fue el origen real de la tragedia. Finalmente, se apuntó como única causa la indisposición del chófer. Veinticinco años después, aquella historia sigue en la memoria viva en los vecinos de la localidad y en toda la provincia
Hace 50 años
La misma semana de abril , pero de 1976, hace cincuenta años, otro accidente de autobús tiñó de negro la provincia. Sucedió en el concello de A Veiga alrededor de las seis y media de la tarde de un día de feria, cuando un autocar mixto de la empresa La Emprendedora, con base en A Rúa de Valdeorras, se salió de la calzada y se precipitó por un barranco de unos 30 metros. El balance provisional del siniestro fue de seis personas fallecidas y treinta heridos, de los cuales once se encontraban en estado grave. La mayoría de las víctimas eran vecinos de la comarca que habían acudido a comprar la feria de A Veiga.