Un aplicado estudiante de 70+11

Autor de varios libros, estudia escritura creativa para mejorar su estilo


santiago / la voz

Un grupo de alumnos de veintitantos se reúne todos los lunes en la Facultade de Filosofía, en la plaza de Mazarelos, para mejorar su técnica literaria. Entre ellos está José Balboa, que en realidad tiene 70+11 años. ¿Y por qué no 81? «Si miras las esquelas verás que la mayoría de la gente se muere después de los 80, así que yo tengo 70+11», dice con sorna. Es, en realidad, el más joven del curso. Se apuntó en él porque este ourensano, vecino de Beariz, tiene planes de futuro.

Ya publicó un libro y tiene otro en camino, pero espera poder publicar más y poder escribirlos mejor. De ahí sus batallas con las tareas encomendadas por la profesora Alicia López Gallego, que les manda leer una historia y luego darle una vuelta de tuerca. «Lo siento, no puedo extenderme más en el escrito de hoy, porque hoy, precisamente hoy, la profesora, es mi criterio, creo que se excedió un poco en los deberes encomendados», se queja en su blog relatosdelcaminante.com. Porque sí, José Balboa también tiene un blog.

Nació cuando las tropas de Franco tomaban Madrid, el 28 de septiembre de 1936, en la localidad ourensana de Beariz. «El primer recuerdo que tengo es del 1 de abril de 1939. Tenía las manos metidas en los bolsillos para calentarlas mejor, y miraba las torres de la iglesia que sonaban». Fue el día del último parte de la contienda: «La guerra ha terminado», dijo el general vencedor.

El pequeño Balboa creció en aquellos duros años y no tardó en ganarse la vida como empleado de la compañía de ferrocarriles que construyó la línea de Medina del Campo a Zamora y de Ourense a Vigo (MZOV). Un trabajo que tiene mucho que ver en sus alforjas, porque le permitió recorrer el mundo.

Cuando por fin se retiró, volvió a Beariz con su mujer Pilar, con la que tuvo cuatro hijos. Sus planes eran sencillos, disfrutar de la vida juntos y poco más. Ni nada menos. Pero la vida es torticera a veces y no se lo permitió. Su esposa no tardó mucho en fallecer. «Hace doce años que se fue pero solo físicamente, porque siempre está conmigo».

Con ella tuvo cuatro hijos que le dieron nueve nietos. El lunes 19 de febrero, José estaba al mediodía en Madrid, comiendo con sus hijos, y a las siete de la tarde, después de coger el tren, ya estaba en la plaza de Mazarelos, en Santiago, para acudir puntualmente a sus clases de escritura creativa. Los demás días conduce su propio coche.

Sus criaturas literarias

Siempre le gustó escribir, y ahora que tiene tiempo, lo hace. Ya publicó un libro, una especie de autobiografía que lleva por título Uno de tantos, que ya va por la tercera edición. José vive de su pensión, así que lo que recauda con la venta de los libros, lo destina a ayudar a quien lo necesita. «El dinero de la primera edición fue para la lucha contra el cáncer; el de la segunda, para los enfermos de ELA y lo que se consiga con la tercera irá para el alzhéimer», adelanta.

Ahora está a punto de salir del horno su primera novela, Merece la pena, de más de cuatrocientas páginas y que, a diferencia del anterior libro, es ficción, aunque como su autor reconoce, «todo lo que uno escribe tiene algo de autobiográfico». De hecho, la novela es un canto a la vida y al esfuerzo, porque José Balboa está convencido de que «el individuo, si se lo propone, consigue lo que quiere». No solo está orgulloso de su trabajo, está también muy contento porque la novela, cuyos beneficios se destinarán a la asociación Menudos corazones, está prologada por el doctor Antonio Carreño, «un médico rural de Ourense que es quien más sabe sobre la figura de Lope de Vega». De hecho, Carreño acaba de publicar las cartas del prolífico autor del Siglo de Oro.

Como Balboa es un joven con planes de futuro, quiere mejorar técnica y estilo en sus próximos libros. Por eso se matriculó en el curso de escritura creativa de la USC, un título propio con muy buena aceptación entre el alumnado. «Y cuando acabe me voy a matricular en otro de la Universidade de Vigo», subraya Balboa, que sigue pensando en su futuro como escritor.

A José le gusta charlar, bromear, intercambiar confidencias, viajar, estar con su numerosa y maravillosa familia, escribir... A José en realidad, le gusta vivir. Es un vividor en el sentido etimológico del término. Y lo es porque cree que ese es el secreto de la longevidad. «Si se quiere una vejez enriquecedora es necesario vivir y vivir, y yo soy un loco enamorado de la vida».

Pero a ratos se pone serio. Es consciente de que en algún momento tendrá que escribir el fin de su novela. «Soy creyente, y sé que tengo que aprender a morir». Pero tiempo habrá. De momento, aprende a escribir.

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