«Hubiera preferido cerrar antes quince días y evitar esta incertidumbre»

Desconcierto en Barbadás, cierres en O Carballiño y cancelaciones en O Barco


OURENSE

La comarca de O Carballiño y el Concello de Barbadás se despertaron con nuevas restricciones, después de que los contagios se dispararan y la Xunta decidiese incluirlos en el listado de zonas con medidas que ya se venían aplicando en O Barco de Valdeorras y Verín, donde se endurecen. Tres escenarios diferentes que La Voz analiza con un recorrido por las zonas afectadas. 

O Carballiño

Fin del verano. La pandemia del covid-19 había pasado de soslayo por la comarca carballiñesa, pero el incremento de los casos activos obligó a una normativa más severa. Rebasando los ochenta positivos, algunos comercios y establecimientos hosteleros se vieron obligados a bajar la persiana, como el que regenta Fabián Marnotes en el centro de la villa: «En mi caso supimos de algunos positivos de clientes y aprovechamos para hacernos las pruebas -todas negativas- y desinfectar el local, pero lo cierto es que tendremos que mandar a un Erte al personal y trabajaré solo para hacer frente a los gastos del local». Lamentaba la imagen de las calles ayer y, aún admitiendo que lo importante es vencer al virus, asegura: «Hubiera preferido cerrar antes quince días y evitar esta incertidumbre. Estuvimos bien en mayo y junio, pero tampoco podemos parar la economía en seco».

Barbadás

Cumplir, por responsabilidad. En el primer día del confinamiento en Barbadás el desconcierto y la falta de información primaron más que las medidas restrictivas decretadas por la Xunta. Con un posicionamiento inicial que aludía a la imposibilidad de entrar y salir del municipio sin tener una causa justificada, el tema de conversación preferente en la mañana del primer día de confinamiento era la decisión de considerar a Ourense y Barbadás la misma unidad de confinamiento. Es decir, que los vecinos de estos dos concellos se pueden mover con total libertad por los mismos -obviamente cumpliendo las medidas de seguridad decretadas-.

Los cerca de 200 certificados que tuvo que firmar el alcalde de Barbadás antes del jueves para acreditar a personas que trabajan en el municipio de nada sirvieron. Y permitir la circulación entre ambos concellos fue una decisión que alivió a un buen número de personas: «No, no hay problema porque no hace falta autorización, llegó en unos minutos», se oye en la conversación que mantiene una mujer por el móvil en el autobús que hace el recorrido entre Ourense y Barbadás. Las esperas manteniendo la distancia de seguridad a la puerta de los establecimientos -con especial presencia delante de la oficina de Abanca- y el cumplimiento de las normas en las terrazas -en varios establecimientos de A Valenzá han instalado mamparas de separación entre mesas- eran la nota característica en la primera mañana de confinamiento. También las conversaciones de mesa a mesa o de terraza a banco público, situaciones que se desvelaron con un mecanismo ideal para respetar las normas y mantener el intercambio de opiniones. El regidor municipal, Xosé Carlos Valcárcel, señaló que el Concello ha descartado la vía legal contra la decisión de la Xunta: «Por coherencia, responsabilidade e colaboración non o imos facer, aínda que reafirmámonos en que isto é unha decisión política que bota por terra o duro traballo que fixemos en Barbadás durante catro meses e que non ten outro obxectivo que tapar e ocultar o que se fixo mal no caso da cidade de Ourense».

O Barco de Valdeorras

El tercer escalón de restricciones. Los vecinos de O Barco amanecieron con la prohibición de reunirse con todos aquellos con los que no convivan. Ni en casa ni fuera. Se acabó la vida social, al menos por un tiempo, a la espera de poder frenar la curva de contagios, que sigue sumando casos. La prohibición de reunirse con no convivientes supone el tercer escalón en las restricciones. La primera, el cierre de los parques infantiles, la decidió el Concello al saber de los primeros brotes. Era el pasado 25 de septiembre. El día 30, la Xunta daba un paso más y prohibía el consumo en barra, limitaba el aforo de comercios y terrazas, y marcaba un máximo de 10 personas en una reunión. Desde ayer solo se puede uno juntar con las personas con las que viva, ya sea para tomar un café en casa o para salir a comer. Y ya desde primera hora se notó. La recta de Cedie en dirección A Proba no era a las diez de la mañana la zona copada por los que salen a pasear en grupo, muchos jubilados pero también gente joven. Nada. Ya en el Malecón, a las doce, y aunque el primaveral día de otoño invitaba a terracear, había poco ambiente. Alguna mesa suelta. En las calles, en general, la gente caminaba en solitario. Y en los restaurantes, los hosteleros se preparaban para un día raro. En los sitios de menú colocaban las mesas separadas para que la gente pudiese comer sola; y en los restaurantes en general recibían cancelaciones, los que aún ofrecen opción de reservar. Hubo quien optó por dar vacaciones al personal.

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