La cara y la cruz del despoblamiento

Los concellos de Barbadás y San Amaro son las dos caras de la misma moneda

.

ourense / la voz

Están a 37 kilómetros de distancia por carretera y a 16 en línea recta. Pero su situación, su realidad social, está mucho mas alejada. Los últimos datos poblacionales siguen situando al concello de Barbadás como el oasis del crecimiento en la provincia. Al lado contrario está San Amaro, donde la sangría poblacional es más que evidente teniendo en cuenta que en el último año ha perdido más del 3 % de su población y que es una tendencia. Un ránking que comparten con los municipios de Vilamartín de Valdeorras, Larouco, Lobeira, San Xoán de Río, Montederramo, A Teixeira, Chandrexa de Queixa y Castro Caldelas. Pero el caso de San Amaro es más sangrante si se tiene en cuenta su situación geográfica y su proximidad con las vías de alta capacidad. El alcalde, Ernesto Pérez, es más que consciente de esta situación. «El problema es complejo porque no es solo de Galicia y España sino de Europa. Hay un población muy envejecida y las armas que tiene un ayuntamiento son escasas», dice, calificando la situación de «grave». Pérez aboga por tomar esta situación en serio: «Un pequeño ayuntamiento como el nuestro lo tiene muy complicado ¿Hacemos alguna cosa? Sí. Cuando yo llegué en el colegio del municipio había una veintena de niños y hoy hay 56. Trabajamos para hacerlo atractivo. Por ejemplo, los 72 núcleos de población tienen todos los servicios, traída de agua, accesos asfaltado, incluso en pueblos con cuatro casas», relata. Y el alcalde recuerda, además, que el concello dispone de casa nido y que en verano hay un servicio para cuidar a los niños, para que los padres puedan conciliar. Pero no es suficiente. «Hay gente que incluso vive aquí y no está censado. Ya no sabes qué más puedes hacer», señala. Ernesto Pérez explica: «Por ejemplo, San Amaro tiene conexiones a la autovía a algo más de tres kilómetros. Todos los accesos a las vías de alta capacidad son carreteras de seis metros...», lamenta.

En el lado opuesto está el concello de Barbadas. Su regidor, Xosé Carlos Valcárcel es más que consciente de su situación privilegiada consecuencia, afirma, de lo hecho durante muchos años, antes de que llegara él a ser alcalde. «Aquí hai moitos factores que inflúen e non é unha cousa de agora. A vivenda no seu día tiña un prezo asequible, hoxe xa non. Iso fixo que viñera moita xente nova. Penso que agora esa situación se mellorou por dúas razóns: porque hai unha política de apoio ao comercio local moi importante e favorece que a xente faga vida e conviva e porque estamos levando a cabo unha política social que repercute nos mozos. Por exemplo, aos pais con nenos que non poden entrar na escola infantil municipal dámoslle un bono mensual de 100 euros par que vaian a unha gardería privada que estea no noso concello». Xosé Carlos Valcárcel añade que además de negocios hosteleros, se han puesto en marcha otros comercios que ayudan a que la gente apueste por el concello. «Iso o que favorece é que xente xa non vexa a Barbadás como un barrio máis da capital senón como un lugar con vida propia», subraya el regidor.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

La cara y la cruz del despoblamiento