Às Armas


La alegría va por barrios, sobre todo en el mundo de fútbol, un hábitat que de inexplicable pasa a convertirse en apasionante. El reinado continental de La Roja se detuvo en ocho años y el tiki taka fue sustituido en Francia por el juego de nadar y guardar la ropa. Por eso los recuerdos que pervivirán de la Eurocopa van más relacionados con las celebraciones vikingas de la sorprendente Islandia, el «Will Grigg’s on fire» que coreaban los norirlandeses por las calles de París o los debates sobre la verdadera edad de Renato Sanches, el joven más destacado del torneo.

Podemos oír, eso sí, como retumba el país vecino al son de «Às armas, às armas, sobre a terra, sobre o mar». Porque el campeón es el campeón y los éxitos deportivos se celebran así, a lo grande. Y sabíamos, desde este lado de la ya casi inexistente «raia», que los lusos viven el fútbol con un nivel de intensidad que a veces roza el paroxismo. No en vano, en Ourense, ya eran varios los que se preparaban para disfrutar de cerca del retorno del Chaves a la Primeira Liga, donde plantará cara al Benfica, al Porto de Casillas o al Sporting de Portugal que ha renovado la selección desde su academia.

En Barbadás, incluso fueron más allá y se volcaron en un mercado que les permita acceso económico a futbolistas valiosos, con el fin de volver a moverse con holgura en el grupo gallego de Tercera División. Así aterrizarán en Os Carrís André Gonçalo, Igor Sevivas o Rodrigo Parreira. Incluso desandará las travesías de Magalhaes un brasileño como Cassio Goes, al que el idioma no le será extraño en un internacionalizado vestuario:  «Às armas, às armas».

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