Primero le destrozó a un vecino de Baños de Molgas un pote gallego de 1930 y luego le rompió el coche a otro con una barra de hierro

Marta Vázquez Fernández
M. Vázquez OURENSE / LA VOZ

BAÑOS DE MOLGAS

El acusado no acudió al juicio en Ourense
El acusado no acudió al juicio en Ourense M. FERNÁNDEZ

El sospechoso, que no ha acudido a ninguno de los juicios en su contra, suma la segunda condena en apenas dos meses

11 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

A la magistrada del Juzgado de lo Penal dos de Ourense no le caben dudas de que José P. P. fue la persona que el 1 de diciembre del 2021 causó importantes daños materiales en el coche de su vecino de la aldea de Almoite, en Baños de Molgas. Que el perjudicado hubiera visto perfectamente a su conocido destrozarle el espejo retrovisor de su turismo, así como otras partes del automóvil utilizando para ello una barra de hierro, ha resultado fundamental para condenarlo, pero además la togada ha tenido en cuenta que por aquellas fechas fueron varios los lugareños que sufrieron el agresivo comportamiento que mostraba el acusado cada vez que cobraba la pensión y tomaba alcohol. De hecho, un agente de la Guardia Civil que declaró en el juicio aseguró que en un año llegaron a instruir hasta diez atestados contra el sospechoso, acordando realizar turnos para poder vigilarlo.

«No se concibe que, habiendo sufrido de manera real y efectiva el denunciante unos daños en su vehículo, decida imputárselos falsamente a quien no se los causó», sostiene la jueza en la sentencia, en la que echa por tierra los argumentos de la defensa, que pedía la absolución de un investigado que ni siquiera se había personado en el juicio para dar su versión de los hechos. Es por ello que lo considera responsable de un delito de daños y le impone una condena de 720 euros de multa. Tendrá que indemnizar al perjudicado con 1.411 euros.

A este mismo acusado ya lo condenaron en septiembre por otro delito de daños. Causó cuantiosos desperfectos en el jardín de otro vecino, estropeando un pote gallego de 1930. Aquella resolución tuvo en cuenta que todos los testimonios apuntaron al sospechoso como la persona que destrozó la antiguedad, arrancando además las plantas del jardín y causando daños en una balaustrada de los particulares afectados. Los propios denunciantes explicaron que estaban durmiendo cuando, en torno a las cuatro de la madrugada, escucharon ruidos procedentes del exterior de la casa.

Alarmados, se levantaron y se asomaron a la ventana, descubriendo que el acusado, al que conocían por ser vecino, estaba destrozando una jardinera. Gritaba y profería insultos que el matrimonio podía oír perfectamente, permanecieron atónitos mientras observaron que tras romper las plantas la tomó con un acebo, al que cortó la copa, y luego con una antigüedad a la que le tenían mucho cariño en casa. Un pote gallego del año 1930, que había sido propiedad del abuelo del denunciante. «Lo tiró al suelo y lo rompió», dijo la mujer durante el juicio. Admitió que ni ella ni su marido bajaron a la calle para intentar parar al vándalo. «Nos callamos porque es bastante agresivo, no se puede razonar con él», alegó, explicando muy gráficamente como quedó el exterior de su casa: «Aquello parecía una batalla campal».