«A Baños de Molgas vengo cuando puedo porque esto es increíble»

El ourensano David Ferreiro volverá de inmediato a Huesca para la planificación del siguiente curso


El año 2020 es raro para todos y, para David Ferreiro (Baños de Molgas, 1988) es una montaña rusa de emociones. El futbolista ourensano mezcló la pandemia vivida entre videoconferencias con sus padres y amigos, con el trabajo enclaustrado de un profesional del deporte, con la fe de mantener la forma física en condiciones poco habituales y, por fin, el jolgorio de un campeonato en la siempre exigente Segunda División. Fue su segundo ascenso a la élite nacional en solo tres años y la oportunidad para volver a una de las más importantes ligas del mundo.

«Tengo un año más de contrato y, aunque hablaremos en los próximos días, me han comunicado que contaban conmigo. Estoy muy ilusionado de disfrutar de nuevo de jugar en este club y contribuir a que la ciudad disfrute de la Primera División», matizaba un David que ya goza de un notable cariño de la afición azulgrana, después de llegar al Alto Aragón en 2016.

Desde su pueblo natal, el deportista se mostraba además feliz por las atenciones que le dedicaron en el consistorio, donde firmó en el libro de honor de la institución local y también se fotografió ante el marco que contiene la camiseta número siete del Huesca, con su nombre: «Siempre es un orgullo que te hagan un reconocimiento en tu propia casa. Aquí siguen mi carrera y me apoyan cada año, vaya como vaya la temporada. Y a Baños de Molgas vengo cuando puedo porque esto es increíble».

Ferreiro es ya un jugador con tablas en la competición, será su segunda campaña en la máxima categoría y va por las siete en Segunda, incluidos los dos ascensos. Atrás queda su estreno con 18 años en la Segunda B, con la camiseta ourensanista, cuando Manolo Tomé le concedió algo más de medio hora en el triunfo ante el Pájara Playas. Con todo, nunca había vivido una situación como la del curso que finalizó hace solo unas semanas y, de hecho, aún tiene flecos colgando: «La Segunda División siempre es un torneo muy complicado. Antes no soñaba con subir y, ahora, estoy celebrando el segundo ascenso en una Liga en la que quince equipos con mucho nombre e historia pelean por lo mismo. Eso nos hace apreciar más el trabajo que se realiza en un club humilde y en crecimiento como el Huesca. Eso es lo que nos inculcaron siempre».

Y es que a David ya le toca de nuevo sumergirse en los objetivos del club azulgrana, porque su estancia en Baños de Molgas fue esta vez más corta que nunca: «El lunes comenzamos con las pruebas médicas y creo que también con test PCR, es un año distinto para todo el mundo y debemos adaptarnos, además de guardar las máximas precauciones. De todos modos, pude disfrutar de unos días de vacaciones con amigos y con la familia».

Recuerda el ourensano, que durante el confinamiento se quedó en Huesca, las sensaciones que pudo sentir en aquellos días, lejos de personas a las que siempre intentaba ver de modo más habitual: «Con mis padres el contacto era prácticamente diario, a través del teléfono o el ordenador, pero siempre estás preocupado por lo que sucede en casa o con los amigos. En Huesca hicimos un trabajo muy importante, pese a que no contábamos con los medios que teníamos cuando entrenábamos todos juntos, pero creo que fue algo que también se notó a nuestro favor cuando se reanudó la competición, porque completamos un gran final de temporada».

Y el premio, al margen de ese corto descanso en Baños de Molgas, es el regreso por la puerta grande a la Primera División. El Alcoraz vuelve a ser una plaza de élite y David Ferreiro uno de sus jugadores más reconocibles.

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