Ourensanos ojipláticos


Para la mayoría de los que vivimos en este rincón del mundo, desconocido para Hillary Clinton pero amado intensamente por quienes tenemos la suerte de habitarlo, Ourense es una suma de Maceda y Xinzo; de Toén y Chandrexa de Queixa; de Monterrei y Bande... y así hasta 92. Para otros Ourense es Nueva York, Berlín o Philadelphia. Y siento explotar esa pompa de jabón: es mentira. Ourense es la provincia con la tasa de ocupación más baja de España (lo dice la EPA, no lo digo yo); Ourense es la provincia que solo logra colocar una comarca entre las diez primeras de Galicia en generar riqueza... y genera únicamente el 4,2 % de un total del 86,6 % (lo dice el informe Ardán, no lo digo yo); Ourense es la provincia más envejecida de España (lo repiten hasta la saciedad las estadísticas, puede usted elegir entre varias porque todas coinciden). Así que, llámenme agorera pero tengo la sensación de que nuestros problemas no se van a solucionar ni en Nueva York, ni en Berlín, ni en Philadelphia. El presidente de la Diputación y del PP de Ourense, José Manuel Baltar, lleva días más pendiente de esos lugares que nos quedan tan lejos que de esta provincia en riesgo de derrumbe.

Los vecinos asisten, entre la sorpresa y el estupor, a la presentación del logo de la ourensanía que, según se dijo en su puesta de largo, nos colocará a la altura de esas ciudades que citaba, Nueva York y Berlín. ¿No se han dado cuenta de que no jugamos en esa liga ni deberíamos aspirar a hacerlo? Los ourensanos escuchan que, de la mano de IBM y Vodafone, se va a crear un centro de tecnología. Pero no hay ni un dato sobre la mesa y solo alcanzan a imaginar un castillo en el aire, como tantos otros. A los ciudadanos intentan convencerles de que Ourense ha vivido un momento histórico porque Baltar fue a Philadelphia a hacerse selfies en la convención demócrata con gente que ni sabe donde estamos ni tiene ningún interés en saberlo. El presidente de la Diputación se empeña en abanderar la Marca Ourense, como si él se hubiese inventado la provincia en la que nacieron y murieron los padres, abuelos y bisabuelos de los que vivimos aquí. Pero quizás no se ha dado cuenta del problema. Tú puedes empeñarte en preparar un bonito paquete, con un papel de regalo brillante y un gran lazo de colores pero si dentro no hay nada de poco vale el envoltorio, que acabará en una papelera, arrugado y sucio.

Ojipláticos. Así estamos ante esta política de celofán. Somos menos. Somos más viejos. Somos más pobres. Pero tenemos logo. ¿Qué más podemos pedir?

Por Ruth Novoa Delegada de La Voz en Ourense

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