«Non é a primeira vez que vou onde non é»

Néstor Álvarez lleva ocho parroquias del rural, pero hay algunos que atienden hasta once


Los números son claros. Teniendo en cuenta el número de curas y el de parroquias no queda otra que asumir más de una. Pero el reparto no es una división simple. Hay que tener en cuenta la cifra de feligreses, la edad del sacerdote y la distancia entre unas y otras. Normalmente en núcleos con más vecinos los curas asumen menos parroquias.

En el rural, hoy tan despoblado, la historia es bien distinta. Muchos llevan tres, otros cuatro, cinco o seis. Algunos lo superan. Jonatan Pousada, en Calvos de Randín, se encarga de once; y su vecino y colega de ordenación, Néstor Álvarez Rodríguez, atiende ocho: una de ese mismo municipio y siete del de Baltar.

Pero el número de parroquias no es igual al número de iglesias o capillas a las que hay que prestar atención y acudir con alguna periodicidad, además de en festividades o para servicios especiales. «Non queren ver que a igrexa se pecha. Hai que entendelo. En moitos lugares é o que lles queda como pobo. Tiveron escola e pechou, algún tivo hasta cuartel e tamén pechou; na maioría había un ou dous bares ou unha tenda que hoxe non existen. A igrexa é tamén un lugar de encontro. Hai pobos grandes en extensión pero con poucas casas habitadas, e no inverno á xente sae o mínimo nesta zona de montaña; nin se ven» relata Néstor, que con 30 años lleva seis en ese destino.

Así que para contentar a todos, estos curas marcan algunas iglesias de referencia -generalmente las más grandes- con horario de misas fijo y en otros templos van rotando. «Intento lialos a eles o menos posible; e tamén a mín. Con tanto cambio de hora non é a primeira vez que vou onde non é, e chego a unha parroquia equivocada», reconoce.

Afortunadamente los feligreses se toman el despiste con filosofía. «A xente maior ó principio ves que teñen certo recelo, pero despois é como si lle foras un neto. Si metes a pata anímante e dinche que non pasa nada e que xa aprenderás», narra.

Un nuevo modelo

Para intentar hacer más llevadero el trabajo de los curas del rural la diócesis ha puesto en marcha las Unidades de Atención Parroquial. «Funcionamos como un equipo», resume Óscar Martínez Caamaño, que ejerce de coordinador en la de Verín y con 32 años es el mayor de los tres sacerdotes que la integran y que atienden a once parroquias, incluida la villa del Támega.

La unidad no solo les permite concentrar actividades, como la catequesis, en los tres centros que han fijado de referencia, sino apoyarse unos a otros para atender al resto e incluso tener algún descanso o no dejar desatendida a la feligresía si alguien se pone enfermo.

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