«Estar con gente joven es la garantía para trabajar en los nuevos tiempos»

En la correduría Amoeiro Rincón trabajan el padre, la madre, y los dos hijos


ourense / la voz

Montar un empresa no es fácil y habrá quien piense que hacerlo cuando ya se han cumplido los 50 es aún más complicado, pero esto no tiene por qué ser así. A sus 53 años Emilio Fernández ha puesto en marcha una correduría de seguros. Un proyecto ilusionante que seguramente no se habría hecho realidad sin la estrecha colaboración de toda su familia. Y es que Amoeiro Rincón la conforman, además de Emilio, su mujer y sus dos hijos. Los cuatro comparten afición por un trabajo que a todos se les da bien.

El nombre de la empresa tiene mucho que ver con los orígenes de Emilio, que nació y se crio en Figueiras, Amoeiro. Allí, en el colegio público, cursó sus primeros estudios, compaginándolos con el trabajo en el negocio familiar. «Mis padres tenían tienda, bar y almacén de materiales de construcción, y hubo que trabajar toda la vida; entonces era lo normal ayudar en el negocio. Yo estuve trabajando con mi padre hasta el año 1996, cuando cerró el almacén», rememora. Entonces, de rebote, entró en el mundo de los seguros, sin contar con ello. Fue a través de un primo suyo, que trabajaba en el sector, que lo animó a probar. «Yo lo hice sin mucha esperanza, pero resultó que, sorprendentemente, el primer mes que trabajé me fue muy bien, gané dinero y empecé a ver posibilidades de futuro». Y la suya fue una carrera fulgurante. Enseguida lo nombraron jefe de equipo, al frente de un grupo de diez o quince personas, hasta que en 1999 le hicieron una oferta de otra empresa de seguros, DKV. Un año después pasó a Finisterre y cuando Mapfre compró esta empresa, les pidió ser agente. «Era lo que yo siempre había querido», asegura. Estuvo en esa posición desde 2003 hasta 2009, cuando de nuevo le ofrecieron estar al frente de un grupo. «Volví a ser delegado, en este caso en la oficina de la Avenida de Santiago, y allí estuve desde 2009 hasta finales del 2017. A partir de ese momento dejé la delegación y me puse como agente exclusivo de la empresa, pero ya pensando en dar el paso de montar mi propio negocio».

Para entonces, sus hijos ya habían dado también sus primeros pasos en el mundo de los seguros. «Martín, el más pequeño, en el 2011 ya había empezado a trabajar conmigo en la delegación, y Javier, el mayor, también», cuenta el padre, que asegura que era a Martín al que más le gustaba el mundo de la correduría. Así que la familia se reunió y tomó una decisión. «De acuerdo con mis hijos y mi mujer, decidimos poner en marcha esta correduría, que abrimos el pasado mes de abril», explica, mientras cuenta orgulloso que «está yendo muy bien, la realidad está superando para bien nuestras previsiones».

Coinciden todos en que las ventajas ahora son muchas, porque «trabajamos con doce compañías y ofrecemos un abanico de posibilidades infinito». Con clientes dentro y fuera de Ourense, muchos de los cuales ya son «amigos» después de tantos años, la empresa vive ahora inmersa en hacerse fuerte en las nuevas tecnologías, con la preparación de una página web, una aplicación para el móvil y una plataforma. Emilio es ciego, circunstancia que no le impide desarrollar su trabajo con soltura y normalidad. Eso sí, en la transformación digital está siendo clave el papel de los hijos. «A mí todo esto me pilla un poco a destiempo, pero tengo la ventaja de tener hijos jóvenes, que me ayudan en este camino y realmente son los que están ahí apostando por las nuevas tecnologías. Son ellos los que están ejerciendo un papel fundamental, sin su presencia esta empresa no podría estar donde está», reconoce el padre. En su opinión, «cualquier empresario tiene que contar con gente joven que sepa llevarlo al mundo de las nuevas tecnologías, esa es la garantía para el éxito del negocio, en cualquier sector». Y al tiempo que coordinan esa transformación, Martín y Javier estudian en la UNED para obtener el título de mediador de seguros. El futuro de esta empresa está más que asegurado.

QUIÉNES SON

Los padres. Pedro Emilio Fernández Fernández y María Figueiral Rey.

Los hijos. Martín y Javier. El mayor es Javier, que tiene 33 años, mientras que el pequeño ha cumplido los 25.

Profesión. Hace unos meses pusieron en marcha en la capital ourensana la empresa Amoeiro Rincón, una correduría de seguros que les está dando a los cuatro muchas alegrías.

«Los problemas laborales se quedan en el trabajo; en casa están prohibidos»

María Figueiral Rey también tiene un papel clave en la correduría de seguros Amoeiro Rincón. Como su marido, ella acumula una amplia experiencia laboral y, antes de montar el negocio en la calle Vicente Risco de la capital ourensana, ya había trabajado con Emilio durante once años. «Luego nuestros caminos se separaron, cada uno trabajamos por nuestra cuenta durante un tiempo y ahora volvemos a estar juntos», cuenta ella, que asegura que la relación de los cuatro es buena, tanto dentro como fuera del trabajo. Eso sí, tienen algunas normas a las que, por el bien común, todos deben someterse. «En casa está prohibido hablar del trabajo; las cosas que pasan en estas oficinas se quedan aquí, cuando salimos no hablamos de ellas, si no sería imposible la convivencia», reconoce.

También para los hijos de la pareja la experiencia de haberse involucrado todos en una empresa, dicen, está siendo muy positiva. Están contentos de haber dado el paso de montar el negocio todos juntos. «Trabajamos bien todos juntos, somos un buen equipo», reconoce Martín.

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