Los niños salvaron el primer día de cine en las salas de Ponte Vella

Beatriz Seara y Eduardo Marcos, de Allariz, fueron los primeros espectadores


ourense / la voz

«Llevábamos mucho tiempo esperando. Antes veníamos todas las semanas al cine. Ver las películas en una pantalla grande y no en una plataforma como Netflix o Amazon es mucho mejor». Beatriz Seara y Eduardo Marcos viajaron desde Allariz para disfrutar de la primera película tras el estado de alarma, en el Galicine de Ponte Vella. Y eligieron Sonic. «Venimos muy tranquilos, mientras estén todas las medidas necesarias para que no haya contagios, no tenemos miedo», afirma Eduardo con la mascarilla puesta y un cubo de palomitas en las manos. Una vez en la sala, y antes comenzar la película, los espectadores -cinco personas eligieron este primer pase- escuchan y ven en la gran pantalla los consejos para tener una sesión segura. Después, a disfrutar de la película. En la sala 1 se puede ver Cinema Paradiso, el símbolo nacional de la apertura de las salas de cine. Pero en Ourense, la primera sesión quedó vacía, sin espectadores.

De repente llega un grupo de niños. Saltando, nerviosos. Pablo, Amaya y Oliver están acompañados de sus madres, Laura y Cristina. Quieren ver Onward, una película de Disney estrenada el 6 de marzo, días antes de que todas las pantallas se apagaran. «Tenían muchísimas ganas y nosotros también», dice Laura. Se nota, porque han llegado casi una hora antes del comienzo. Al poco rato llega Alonso a la taquilla. Va acompañado de su madre Laura. No puede esperar y entra.

El Galicine de Pontevella se ha preparado para la «nueva normalidad». Sus instalaciones han cambiado. La entrada de papel se pasa por un dispositivo evitando así el contacto con el portero, que únicamente comprueba en un ordenador que todo está correcto. Tras bajar las escaleras, el espectador se encuentra con un bote de gel hidroalcohólico que se acciona con un pedal. Seguidamente están las taquillas, donde se pueden dejar pertenencias de gran volumen. A la entrada de las salas se muestran las indicaciones genéricas y, una vez dentro, las específicas de cada espacio, con sus distancias de seguridad entre espectadores -los que acuden juntos pueden sentarse en butacas contiguas- y con entradas y salidas independientes, ya que han habilitado las de emergencia para que en el vestíbulo no se mezclen los que acaban de ver una película con los que acceden a una nueva sesión. Lo de comprar chucherías y palomitas también será diferente. Habrá que hacerlo de forma ordenada y nunca podrá haber más de tres personas dentro del espacio reservado para las golosinas. Del resto, debe preocuparse cada uno para evitar que el cine vuelva a apagar sus luces. «No existe otro lugar mejor en el que ver una película. La magia que se vive aquí no es comparable y todos debemos ser responsables», señala Juan Casanova, gerente del cine ourensano.

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