«La plaza de abastos requiere cambios para ser atractiva a la gente más joven»

José mantiene la tradición familiar, que inició su abuela paterna y continuó su madre


ourense / la voz

La abuela paterna, María Antonia Fernández, desembarcó en la plaza de abastos de Ourense hace ya sus buenos años. Después fue su madre, María Nélida Vázquez, quien ejerció como pescadera y charcutera en el mismo recinto, ese que de forma inminente será objeto de una intervención que busca una modernización que llega con una retraso más que evidente. Con José Castro Vázquez (Ourense, 1965) entró en escena la tercera generación en el año 2002. Sabía a lo que iba, pues, a fin de cuentas, se trataba de un negocio familiar, del que inevitablemente se hablaba en casa. Y aunque al niño y al chico le interesaran poco los negocios, algo le iba quedando en la cabeza. Tan normal como que hubiera empezado a frecuentar aquel espacio con pantalones cortos. Por eso, cuando con veinte años empezó a trabajar, aunque fuera de forma esporádica, su cara era familiar tanto para quienes estaban en mostradores próximos como para los clientes habituales. Trabajó en labores comerciales para dos empresas tan potentes como son Campofrío y Frigolouro. Y no dejó de aprender. Hasta que el 2002, por aquello de que la segunda generación ya tenía bien merecido el descanso, se hizo cargo del negocio. «Me pareció que era importante ponerle un nombre y esa fue una de las primeras decisiones que tomé para que se apreciara algún cambio», dice Pepe, que fue quien colgó el primer cartel de Jamones Castro.

En quince años, que son los que este hombre lleva en la plaza de abastos de Ourense al frente de su local, ha visto una espectacular subida de la facturación. Esa realidad no le impide, sin embargo, ver con preocupación el futuro. «Somos una plaza que vive, en lo fundamental, de los clientes de toda la vida, de personas que nos tienen como referencia y no dejan de venir, pero creo que no se ha logrado que el cambio generacional entre los placeros, como ocurre en mi caso, se traslade a la clientela. Algo hemos hecho mal. La plaza de abastos requiere cambios para que sea atractiva a la gente joven, para ganar base de clientes».

Que está vieja y no está adaptada a los tiempos es una evidencia. Que existen muy notables diferencias de criterio entre los comerciantes se ha puesto de relieve a medida que se acercaba el momento del traslado provisional a la Alameda, antes de que se acometan en serio las obras de remodelación y mejora de este emblemático lugar. «Alguna gente mayor ha dejado de venir por algo tan simple como que no son cómodos los accesos. Como colectivo, me parece que no hemos sabido hacerlo bien», lamenta este placero, que figura entre los que tienen trabajo durante toda la mañana. No le va mal, vaya.

Oportunidades perdidas

José Castro se muestra crítico con el pasado reciente, cree que se ha perdido tiempo y se han dejado pasar oportunidades para ponerse al día. Pero no quiere dejar de ser optimista. «Con un recinto renovado, habrá que ver hasta dónde somos capaces de llegar, aunque, la verdad, comprobar que no estamos todos en la misma sintonía, no parece un buen presagio», lamenta, sin dejar de mostrar dudas sobre la escasa implicación del Concello de Ourense en los asuntos que atañen a un colectivo que desarrolla su actividad en un edificio municipal, que, por su mera condición de mercado central y al igual que ocurre en casi cualquier parte del mundo, es motivo de atención para muchos visitantes. «Ahora mismo, más veces de lo deseable, me da la sensación de que el turista sale un poco decepcionado del entorno, que se ha ido deteriorando durante los últimos años sin haber puesto medios necesarios para modernizarlo, como sí se ha hecho en otras muchas plazas de abastos», subraya. Y no hace falta salir de Galicia para ver ejemplos.

«El buen producto y la honradez son siempre garantía para ser valorado»

La vocación comercial la llevaba en los genes. Y la ha ido afianzando. Sabe que es necesario tratar de forma correcta al cliente, sea conocido y habitual o sea un visitante circunstancial, que entra y se deja llevar por la curiosidad de ver qué ofrece aquel puesto donde hay tanta gente esperando. Para este placero, hay dos aspectos fundamentales. «El buen producto y la honradez son siempre garantía para ser valorado y para que el cliente vuelva», reflexiona. Procura estar al día. Y busca lo mejor, si es posible de casa, aunque no siempre lo consigue. Allariz, Manzaneda, Vilamarín, Viana, Riós... Sus proveedores están repartidos en toda la provincia. «Hay confianza mutua con ellos y eso se nota», advierte quien también pesca más allá del Padornelo, sobre todo para tener una mayor competitividad en jamones, sin renunciar a los de Vilalba que tiene como apuesta de casa. Guijuelo, Soria y Cuenca figuran entre los lugares de los que recibe buena materia prima, como León, donde consigue, por ejemplo, cecina de calidad, un bocado que cada día gana adeptos entre su clientela.

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