«No País Vasco fálase moito máis galego do que se fala aquí»

La provincia de Ourense se llena cada verano de gallegos que se fueron para poder trabajar


ourense / la voz

Los pueblos se definen por sus habitantes, pero quizá más por los que tienen que abandonarlos. Aquellos que emigran son los que reflejan la ausencia de industria y puestos de trabajo, los que dejan atrás a una población de edad media envejecida, los que quieren darle la vuelta a una situación en la que escasean las oportunidades y sobra campo del que no se puede obtener buen rendimiento o beneficios para subsistir. Esos mismos pueblos se vuelven los concellos de la morriña en verano, cuando todos los que una vez hicieron la maleta para marcharse la cogen para volver de vacaciones.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2016 retornaron a Galicia un total de 5.143 emigrantes que residían en el extranjero, de los cuales 992 son ourensanos. Siguiendo la información proporcionada por esa misma fuente, un total de 152 provienen de países de la Unión Europea y 105 de otros estados del viejo continente. Seis personas volvieron de África, 10 de Asia y 2 de Oceanía, aunque la mayoría de retornados siguen llegando de aquel lugar de donde volvió el padre de Migueliño que aparece en uno de los relatos de Castelao. De América del Norte regresaron 41 ourensanos frente a los 676 que abandonaron América del Sur.

Sin embargo, el INE no publica registros de los que se fueron a otras comunidades españolas -mayoritariamente Cataluña y País Vasco- para trabajar. Y siguen siendo muchos los que solo pueden volver a sus raíces cuando tienen unos días de vacaciones. Además, cada año aumentan los que están jubilados y alternan temporadas en sus lugares de nacimiento y temporadas en los municipios de acogida.

«Non somos nin de aquí nin de alí», apunta Juan José Malvar. Él nació en Padroso (Xunqueira de Ambía) en 1945, pero lleva en el municipio vasco de Eibar desde 1962. «Aquí non había traballo e continúa sen habelo, por iso marchan os máis novos», añade con desidia en un receso de la partida de cartas que juega en el Bar Novo de Allariz. En el otro extremo de la mesa baraja las cartas Ramón Conde, originario de A Portela da Airavella (Allariz), en donde nació en 1931. En su caso no recuerda cuál fue la fecha exacta en la que llegó, también a Eibar. «Estiven estudando catro anos, despois fixen o servizo militar na Coruña. Ó rematar fun a Madrid e cando ía volver pasei polo País Vasco e gustoume tanto que quedei alí -bucea por la memoria-, porque naqueles anos era unha delicia ver canta xente podía traballar e como se divertían no seu tempo de lecer».

Formaron sus familias y trabaron amistades, pero ponían rumbo a Ourense en cuanto tenían ocasión. La jubilación les ha facilitado poder repartir su tiempo de un modo más equitativo entre las dos comunidades. «Nós agora estamos por temporadas, vimos un mes ou dous e volvemos para alí outros dous, pero cando non estaba xubilado só podía vir no verán», explica Juan José. Por su parte, Ramón pasa medio año aquí y el otro medio en su tierra de acogida, aunque reconoce que esto le sigue tirando mucho, entre otras cosas por la casa familiar que todavía mantiene aquí. «Aquí se tiñas cartos vivías ben, pero se non morrías da fame. Alí había oportunidades para todos e era unha mina para calquera oficio», destaca el alaricano.

Aunque los dos recalaron en Eibar, no fue allí donde encontraron a su compañero de partida. «Coñecímonos aquí porque alí eu vivo nunha punta e el noutra, pero cando volvemos ensíname a xogar», aclara Juan José. Y cuando les preguntan si saben de más gente que haya emigrado como ellos lo hicieron, Ramón contesta con cierto punto de retranca doliente: «No País Vasco fálase moito máis galego do que se fala aquí». Son los gallegos de las «raíces elásticas» de los que hablaba Castelao en su libro Sempre en Galiza.

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