A Veiga frena la sangría poblacional

Este municipio ourensano ha conseguido paliar la bajada del censo con medidas para mantener sus vecinos


a veiga / la voz

A los pies del punto más alto de Galicia, Trevinca, la población no deja de bajar. Hace 30 años en A Veiga eran más de 3.000 vecinos y ahora quedan 889 censados (y no todos viven allí). Pero no se rinden. Al contrario, desde el gobierno local llevan cuatro años poniendo en marcha diferentes medidas para tratar de frenar la sangría demográfica. Y lo están consiguiendo. Todavía queda opción de mejora, pero la situación no es tan drástica como hace unos años. «Conseguimos pasar de perder cincuenta ou sesenta veciños ao ano, a perder 16 ou 17», dice el alcalde, Juan Anta (Partido Popular).

¿Cómo? Pues consiguiendo que la gente elija vivir en A Veiga. Algunos son nuevos vecinos y otros han regresado a casa. ¿El motivo? «Seguro que non todos viñeron polas medidas, pero moitos si», asegura Anta. Y cita entonces las ayudas para rehabilitar viviendas y para alquilarlas, la subvención de parte de la cuota de los autónomos, la creación de marcas de calidad para la miel y la faba loba (que han recuperado este año), el programa de préstamo gratuito de maquinaria municipal para los ganaderos y agricultores...

Son pequeñas decisiones que han servido para que la gente pueda tener una vivienda y un medio de vida, porque, si no, la vuelta al rural no funciona. Y eso les ha valido también ganar la primera edición de los premios a la dinamización geográfica que convoca la Xunta.

«Hai catro anos non había un apicultor na Veiga, e agora hai 26. O ano pasado, dez repartíronse case 100.000 euros. Que haxa alguén na Veiga que facture 100.000 euros está perfecto, pero que o fagan dez significa que todas esas familias teñan unha actividade, e iso axuda a fixar poboación», resalta Anta.

Su opinión la refrenda Flora Fernández. Ella misma ha encontrado en la apicultura y el cultivo de faba loba un medio de vida. Dice que no supone todavía un sueldo, pero es un buen complemento: «Aquí con 400 euros ao mes vives mellor que na capital con 1.200; porque aquí non pagas aluguer». A sus 59 años no pensaba marcharse de donde ha vivido desde que nació, pero reconoce que las cosas estaban apuradas económicamente y ahora van tirando mejor. «Tiñamos unha tenda na Veiga pero non daba, así que agora o meu marido está de vendedor ambulante e eu vou facendo o que podo: antes estaba nos incendios, estiven no obradoiro... E agora estou coa mel e as fabas», cuenta. «Nunca fixera esas cousas nin nunca andei coas abellas; empecei de broma con 20 colmeas e teño 55 e paso de 500 quilos», señala.

Un comercio nuevo en el núcleo urbano de A Veiga
Un comercio nuevo en el núcleo urbano de A Veiga

Los que quieren volver

Noelia Prieto no vive en A Veiga. Pero sueña con volver. Y cada vez lo ve más cerca. «Se resultara ben, gustaríame regresar». Se refiere a sus explotaciones de miel y habas. Se metió en el proyecto de apicultura «por curiosidade, porque o meu avó paterno tiña; empecei con moi poucas pero como está funcionando, agora teño xa 25 colmeas», relata. En la recuperación de la faba loba entró «porque vía a ilusión que lle puxeron no pobo ao tema, para recuperar un produto autóctono», y también salió bien. Aprovechó unas tierras de su padre que no estaban produciendo. «Tiven boa produción e estou vendendo ben», por lo que está pensando en ampliar. «Gustaríame volver. Agora estamos no Barco porque o meu home é de aquí, pero temos un meniño e na Veiga temos Casa Niño de balde... Todo son axudas. Se todos os pobos de Galicia tiveran o empuxe que ten A Veiga, o rural cambiaba», asegura.

Jorge Blanco volvió hace tres años al pueblo de sus padres. «Cada fin de semana que viña sempre había xente que me falaba dalgún traballo, así que ao final decidín instalarme aquí», relata. Abrió hace tres años su propio estudio de arquitectura aprovechando las ayudas para autónomos (el Concello subvenciona la cuota a la Seguridad Social) y la aventura le ha salido tan bien que la próxima semana incorpora a una trabajadora. «Non dou feito, coas obras de rehabilitación que hai por aquí, éme imposible abarcar todo. Estou moi contento. Non penso marchar», dice.

La Faba Loba salta al mercado desde las montañas de Trevinca

María Cedron

Veintidós productores de A Veiga, apoyados por el concello, recuperan esta variedad que crece a 1.150 metros de altura

«Empecei de cachondeo, como de broma. E resultou moito mellor do que esperabamos». Flora vive en Lamalonga, un pueblo del concello ourensano de A Veiga, que se levanta a unos 1.150 metros de altura sobre el nivel del mar. La pasada primavera, al igual que otros 21 productores de la zona, se sumó a la iniciativa puesta en marcha por el ayuntamiento para recuperar el cultivo de Phaseolus coccineus, un tipo de alubia conocida como judía de España o judía Escarlata, a la que en esa parte del interior de Ourense apodaron Faba Loba das Montañas de Trevinca para su lanzamiento comercial.

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