«No puedes ser un buen médico si no te gusta ayudar a la gente»

Asegura que la parte técnica de la profesión nunca puede suplir a la vocación


Ourense

Jesús García Mata eligió su profesión por vocación y está convencido de que en ello tuvo mucho que ver su padre, médico rural. De hecho la mayoría de sus once hermanos también han elegido la sanidad como destino profesional. «La vocación por la medicina es muy de verla y de contagiarte. Sale de lo que vives, porque mi padre tampoco es que nos hablase de medicina en casa, pero esa realidad formaba parte de la familia. Estaba ahí a todas horas, por la mañana, por la tarde e incluso por la noche, porque en el medio rural el médico no tiene horario».

Como jefe del Servicio de Oncología Médica del CHUO, Jesús García Mata sabe bien lo importantes que han sido los avances técnicos y científicos que han permitido luchar contra el cáncer con un nivel de éxito, y por tanto de supervivencia de los pacientes, que hace apenas cuatro décadas era inimaginable conseguir. Pero, aún así, recuerda que nunca debe perderse de vista el factor humano de la asistencia sanitaria. «En la medicina puede más el deseo de ayudar. Aunque sea muy importante la parte técnica no puede nunca suplir a la vocacional. De hecho yo creo que el médico por antonomasia es el de cabecera, y en ese nivel la técnica está en muy segundo plano; incluso hoy que disponen de más medios que antes, siguen siendo muy básicos», reflexiona. «No puedes ser buen especialista si no eres buen médico y no puedes ser buen médico si no te gusta ayudar a la gente y no tienes esa parte de honestidad inherente a la profesión», añade.

García Mata confiesa que él iba de hecho para médico generalista. Lo de la especialidad también le llegó, según dice, por contagio. «Hice la carrera en Salamanca y coincidí haciendo prácticas con Juan Jesús Cruz Hernández, de aquella un profesor muy jovencito que acababa de sacar la plaza de Medicina Interna allí. Se dio la circunstancia de que en aquel momento él estaba montando oncología en el hospital y me enganché al proyecto». Cuando se le pregunta qué fue lo que le atrajo de una especialidad que, por aquel entonces, tenía una tasa de éxito y de curación muy limitadas, responde sin dudar: «Me parecía un sitio donde se podía ayudar mucho a la gente. Veía en esta especialidad esa faceta humana porque de aquella la técnica era muy limitada, no existía prácticamente».

En Salamanca intentaron que se quedase ofreciéndole una beca de investigación, pero cuanto terminó su formación Jesús García prefirió optar por Ourense. No tanto porque le pudiese la morriña de la tierra que le vio nacer -«aunque nacimos en A Veiga, mis padres eran de Salamanca y allí teníamos toda la familia», recuerda- sino porque su esposa, maestra de profesión, tenía que elegir destino y este del interior gallego tenía menos aspirantes. Dice que nunca se ha arrepentido de la decisión. De hecho se las arregló para no dejar la faceta investigadora y su labor en ese campo destaca en la oncología española.

Corría el año 1994 cuando llegó a Ourense y casi nada se parecía a lo actual. «En aquel entonces no había subespecialidades dentro de la especialidad, las posibilidades de diagnóstico y de tratamiento eran muy limitadas y estábamos muy poquitos: el doctor Rubén Rodríguez, que era el de jefe de servicio, una compañera y yo», recuerda. Ahora él capitanea un servicio en el que hay una docena de profesionales, once oncólogos y un internista que lleva la parte de cuidados paliativos para estos pacientes.

García Mata dice que en la calle está el mejor reflejo de lo que se ha avanzado en estos años. «Te sigue saludando gente que son familiares de alguien que ya falleció hace años, pero ahora además te saludan muchos más pacientes que han logrado vencer la enfermedad», apunta con satisfacción. La mayor disponibilidad de tratamientos y de técnicas están detrás de esa realidad. «Pero además hemos avanzado mucho en la parte del soporte y el cuidado del paciente, en la integración, en el apoyo a la familia, en la asistencia domiciliaria... Todo eso, que no ocupa titulares y queda en muy segundo plano, es en realidad muy importante», recalca.

«Soy tan rural que he cambiado el césped del adosado por una huerta»

A Veiga, el municipio del oriente ourensano en el que se asienta el techo de Galicia y, según los astrónomos, uno de los cielos más limpios del mundo, marcó a García Mata. A pesar de que desde los diez años vivía durante el curso en Salamanca y que allí dejó a muchos amigos, asegura que este núcleo rural sustenta muchos de sus mejores recuerdos. «Estoy cómodo en la ciudad pero el pueblo me gusta muchísimo; soy tan rural que he cambiado el césped del adosado en el que vivo por una huerta en la que planto de todo; desde guisantes a acelgas, borraja, lechugas, coles, lombarda, apio...», cuenta. Defensor de la alimentación sana, García Mata confiesa que una androlla es un regalo para su paladar. Es otra de las secuelas de su infancia, cuando la numerosa familia completaba el escueto sueldo del médico rural con lo que salía de la huerta y los animales que criaba «entre ellos los cerdos para la matanza», apunta.

Quién es

Jesús García Mata. Nació en 1962 en A Veiga. Tras completar sus estudios y su formación como especialista en Salamanca comenzó a trabajar en el hospital ourensano en 1994. En la actualidad es jefe del Servicio de Oncología Médica del CHUO.

Su rincón preferido es el Puente Romano. Cuenta que tenía doce o trece años cuando lo vio por primera vez y le impresionó. «Siempre me gustaron las ciudades que tienen pasado romano, pero este puente me pareció majestuoso. Y hoy, entre tantos puentes, creo que resalta más»

 

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