«Algunos piensan que en la ciudad hay más posibilidades de empleo. No es cierto»

Llegaron al rural buscando una vida mejor y encontraron su medio de subsistencia

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«Algunos piensan que en la ciudad hay más posibilidades de empleo. No es cierto» Jorge Rincón llegó al rural de Castro Caldelas (Ourense) desde Madrid buscando una vida mejor y encontró su medio subsistencia cuidando de 220 cabras de raza murciano-granadina. Los quesos que hace han sido reconocidos internacionalmente.

ourense / la voz

Tras viajar por diferentes partes del mundo, el madrileño Jorge Rincón llegó en 1999 a la aldea de Tronceda en A Teixeira. Quería dar un cambio de rumbo a su vida. Pensaba, entonces, que sería posible vivir únicamente de una huerta. Pero en seguida se dio cuenta de que no era así. Tras varios trabajo esporádicos y después de formarse, en el 2004 creó la cooperativa Como Cabras y en el 2007 hizo el primer queso. Hoy cuenta con 220 reses de raza murciano-granadina en una explotación en Castro Caldelas. Y uno de sus quesos de la marca Touza Vella ha recibido un premio internacional en los World Cheese Award.

Tuvo claro desde el principio que había que apostar fuerte para que el proceso fuese el más natural posible y «pasito a pasito», dice, ha conseguido, entre otras cosas, que cinco personas vivan de la explotación: «El proceso fue largo. Llegas con ideas peregrinas y te crees que plantas cuatro tomates y ya puedes vivir. Pero ves que te mueres de hambre un día tras otro. Lo que sí tuvimos claro desde que llegamos al rural ourensano es que queríamos buscar algo parecido a esto. Vivir del y para el campo». Jorge Rincón cree que en el imaginario gallego existe la idea de que si se quiere trabajar hay que huir del rural. No está de acuerdo: «Algunos piensan que en la ciudad hay más posibilidades de empleo. No es cierto. Aquí la tasa de paro es cero». Y relata las dificultades que encuentran cuando quiere contratar a alguna persona para un trabajo puntual.

El trabajo en Touza Vella es continuo, los siete días de la semana. En eso radica su éxito, aunque a veces cueste lidiar con un consumidor que sigue pensado que lo de fuera es mejor: «Luchamos contra un mercado que no estaba acostumbrado a estos quesos en Galicia. Y ves que hay gente que no tiene reparo en pagar por un queso francés de un año 28 euros el kilo, pero a mí se me ponen patas arriba si les pido 17». En la cooperativa fabrican quesos de la gama de más calidad: leche cruda y cortezas naturales, sin productos químicos. Esto supone tener que voltear continuamente los quesos en cámara para conseguir el resultado esperado. «Hay una cantidad muy grande trabajo y horas de volteos diarios, muchos cuidados. Eso le da al queso sus características. Si vas a uno industrial y le miras la corteza y ves que está limpia es porque le echan fungicida». Jorge Rincón es un apasionado de su trabajo y del rural ourensano. Dos ingredientes, dice, para poder conseguir, aunque sea pasito a pasito, asentarse, trabajar y conseguir generar empleo.

La «paisana» de la Selva Negra que hace mermeladas en A Teixeira

Lydia Meyeker nació en la Selva Negra alemana. Hace 18 años llegó a Galicia y cuatro años después se asentó en A Teixeira, en donde reside. Se enamoró del paisaje y creyó encontrar sus paraíso. Actualmente fabrica mermeladas ecológicas, sin ningún tipo de aditivos químicos, de las frutas y frutos que planta en los campos abandonados que ha convertido en su huerta. «Llegué aquí porque me gusta el campo, soy un paisana más» dice sin dudarlo y sin añadir nada más.

«Cuando llegué flipé, en Alemania no hay lugares como este. Los primeros tiempos trabajaba en donde me salía algo. Y un día decidí hacer realidad mi sueño: vivir del campo», explica. Lydia subraya que lo mejor es la materia prima: por la mañana recoge la fruta y por la tarde hace mermelada. «Mi filosofía es la economía social y solidaria. Y todo lo hago en este sentido. Eso implica producción ecológica, el azúcar que uso es de comercio justo... No produzco basura. Y las sobras de las frutas las comen mis cabras», relata. Esta alemana asegura que vivir en el campo con el sistema actual es difícil y que será imposible repoblar los pueblos si se sigue así. Y es firme: «No hay que inventar nada. La tierra para quien la trabaja. Yo, por ejemplo, no tengo ni una sola finca en propiedad de la que cojo la fruta. Son todas de los vecinos que ya no viven aquí y algunas no se sabe de quienes son». También habla de limitaciones: «Se puede hacer mucho. Yo puedo coger fincas y hacer mermeladas, pero eso no lo puede hacer todo el mundo... Hay otras oportunidades, pero en la mente de la gente está la producción industrial, que solo produce pobreza. Tenemos en el pueblo varias granjas en intensivo en las que solo trabajan dos personas... No es que la gente no quiera vivir en el pueblo, es que no puede», critica. A pesar de todo, Lydia Meyeker afirma que nunca pensó en dejar A Teixeira. Sus mermeladas las distribuye ella misma en varias tiendas de Castro Caldelas, Trives o A Teixeira y alguna en Ourense. «La mayoría de los compradores son turistas», subraya.

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