«Nadie te adivina la vida si vives en una aldea abandonada»

Maribel Felguera y su familia se instalan en A Anagaza y devuelven la vida a un lugar deshabitado

Maribel Felguera y su familia, únicos habitantes de la aldea de Anagaza, en Trives
Maribel Felguera y su familia, únicos habitantes de la aldea de Anagaza, en Trives

O Barco / La Voz

La aldea de A Anagaza en A Pobra de Trives vuelve a estar habitada. Quedan atrás los años en los que no hubo un solo residente después de que la última, Belén Rodríguez, desapareciese en 2017. La propietaria de A Casa das Cestas, un establecimiento de turismo rural, fue vista por última vez en la ciudad de Ourense el 7 de abril. Después, nada, ni una sola pista sobre su paradero. Y la aldea se quedó vacía. Hasta agosto, mes en el que se instalaron allí Maribel Felguera y su familia.

Llevaban tiempo buscando una casa para comprar, y por fin la encontraron. Quieren echar raíces en Trives, después de ocho años recorriendo Galicia. Felguera y su familia llegaron a la provincia de Ourense en el 2012. Respondían a la iniciativa lanzada desde Vilariño de Conso a nivel estatal para atraer familias con niños pequeños y así salvar el colegio. Desde el pueblo ofrecían alquileres a bajo coste. Y Felguera respondió desde Ciudad Real. «En noviembre visitamos Vilariño, nos gustó y en diciembre nos mudamos», cuenta la mujer. Explica que estaban buscando un cambio de vida, y vieron la oportunidad. Tras un primer mes en una casa en Conso, se trasladaron a otra en Entrecinsa, en la que se quedaron un año y pico. No acababan de encontrar su sitio, sobre todo porque las viviendas disponibles «no estaban acondicionadas», así que se fueron a Cerdedo-Cotobade y allí estuvieron cuatro años. Después pasaron otro más en Dozón y finalmente, en el 2019 llegaron a A Gudiña. En Venta da Teresa ya supieron lo que era ser los únicos vecinos de la aldea, y les gustó. «Nadie te adivina la vida si vives en una aldea abandonada», señala. Y añade: «Aquí si quiero salir desnuda a la calle, salgo, que nadie me ve». Insiste en que la soledad tiene muchas ventajas. En A Anagaza no solo vive la pareja y sus dos hijos, sino también su ganado. Tienen seis vacas y algunas ovejas.

Los menores, de 8 y 11 años, van al colegio en Trives. «Y están muy contentos», señala. Tanto los hijos como los padres, cuenta Maribel. Menos contentos están con la nieve, al comprobar cómo hay días que se quedan aislados por causa de la nieve o el hielo en la calzada. Maribel se queja. Dice que sus protestas ante el concello no son atendidas. «Me vienen con que si es del Concello, que si de la Diputación... Lo que sé es que como aquí lleva muchos años sin vivir nadie, no la limpian», asegura.

«Ya tenemos la casa y la tierra, nos quedamos»

Cumplan sus demandas o no, tienen claro que se quedan. «Ya tenemos la casa y la tierra, nos quedamos», dice Maribel, que combina las labores de ganadera con «lo que va saliendo, en hostelería o limpieza». Y estos días está de enhorabuena, porque ha conseguido un trabajo por unas horas. Cuando no sale nada, la familia se mantiene con la pensión de él, pero no da para grandes gastos. Y sobre todo en meses de nieve, en los que los animales no pueden salir a comer y hay que recurrir más al forraje. Es por eso que se toman con cierta calma las obras pendientes en su nueva casa. «Iremos haciendo según vayamos pudiendo», dice.

Anagaza ha dejado de ser una aldea abandonada.

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