Cuatro generaciones entre viñedos

Chao do Couso fue la primera bodega de la subzona Quiroga-Bibei en Ribeira Sacra

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o barco / la voz

En algunos lugares y con algunas profesiones, la vocación te viene de cuna. Cuando naces en una familia de viticultores en una tierra rodeada de viñedo, que tu futuro venga marcado por las uvas y las cosechas es casi tan previsible como heredar ropa de tu hermano mayor cuando eres el pequeño. Así lo entiende Pío Domínguez (A Pobra de Trives, 1956). «Eu empecei co viño xa desde nacer, porque aquí sempre foi unha zona vinícola e os pais e os avós facían viño para vender en Trives», relata. Ya sus abuelos hacían artesanalmente en la bodega el vino que después distribuían en los bares de la localidad, y así siguieron sus padres y más tarde él mismo. Fue el camino hasta que hace 20 años, Pío decidió dar un salto más y fundar su propia bodega. Nacía así Chao do Couso, la primera bodega de la subzona Quiroga-Bibei, la última en entrar en la denominación de origen Ribeira Sacra. «Fun o primeiro da zona en arrancar e plantar viñedo, porque as variedades que había aquí non eran as que marcaba o consello regulador», recuerda. Explica que la zona sufría entonces un «baixón moi grande» en cuanto al cultivo de uva. «A xente empezou a apostar pola gandería e abandonou as viñas; eu aínda recordo cando todo o val do Bibei estaba plantado de viñas, pero despois abandonáronse e agora hai poucas hectáreas de viñedo», apunta, para destacar también que hay mucho terreno con bancales hechos y que están abandonados, sin viñas.

Pío creó Chao do Couso, que ahora está en manos de su hija Xiana (1983). No solo la bodega, sino también las cinco hectáreas y media de viñedo que tienen. La astilla llegó en 2010, para hacerse cargo del negocio familiar tras la jubilación por enfermedad del padre. «Eu formeime para isto, porque estudei Enxeñería Agrícola, e que mellor que ter o negocio montado...», señala. Estaba trabajando en Valencia, «por iso de coñecer un pouco de mundo», e hizo las maletas para volver a casa. «Viñen, aquí sigo e aquí seguirei se podo», añade. Explica entonces que este es el cuarto año complicado para los viticultores. «Comparado co ano pasado non me podo queixar, porque teño uva. Aínda que me tocou un pouco a pedra e mildeu, tampouco foi unha perda brutal», dice. Recuerda entonces que hace cuatro años fue el granizo, al siguiente llovió durante la floración y entró la enfermedad al viñedo, y el pasado llegó la helada y después el granizo. «Este ano teño uvas, e estou bastante contenta».

Su producción media está en 40.000 kilos de uva. «Iso nun ano normal, porque o pasado collín 12.000, así que non se pode comparar; hai case que volver a catro anos antes para falar de cifras normais», señala Xiana. De la cosecha final ella se queda con 6.000 kilos, mientras que el resto lo vende a otras bodegas de Ribeira Sacra. «Sempre teño a posibilidade de medrar, pero non quero facelo de golpe porque se me pode escapar das mans», señala. Prefiere ir poco a poco. Y lo explica con cifras. «Co Xiana [el mencía joven] o primeiro ano fixen 1.000 litros, o seguinte 3.000 e este ano estamos en 4.000. Creces pouquiño a pouquiño, e como controlo eu todo o viño que fago, así estou máis segura», relata. Además, asegura que vender uva le sale rentable. «Din que teño boa uva, e tamén a vexo eu, claro», dice entre risas.

Dos marcas en el mercado

Este año piensa aumentar la producción de Xiana «porque se vende moi ben», y mantener la de Alcouce, el mencía de barrica que creó su padre. «Eu cambieille a etiqueta, moderniceina», señala. Son de momento las dos marcas que tiene Chao do Couso, a pesar de que en las 5,5 hectáreas de viñedo cultivan también variedades blancas. «Non descarto nun futuro facer viño branco, pero de momento non», dice Xiana. ¿El motivo? «A elaboración do branco paréceme máis complicada. Temos dúas marcas que están funcionando ben e así imos seguir», remata.

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