Comiendo la Gran Manzana al piano

El trivés Fabio Álvarez cursa estudios en el Master of Music de la Manhattan School of Music


o barco / la voz

Fabio Álvarez vive desde agosto su propio sueño americano. Desde finales de verano reside en Nueva York (Estados Unidos), la ciudad que será su destino durante dos años para seguir perfeccionando su maestría con el piano. Estos dos cursos es (y será) estudiante del Master of Music en la Manhattan School of Music, bajo la tutela de Phillip Kawin (un reconocido profesor de piano).

No llegó en barco, como los primeros colonos, pero tampoco tuvo un viaje corto. Nada menos que 24 horas de vuelos con dos escalas desde que salió de Santiago rumbo a la Gran Manzana. Primero recaló en Barcelona y después en Copenhague antes de llegar a destino. Y una vez allí, y mientras soportaba las enormes colas que se forman en la aduana, se dio cuenta de que había un error en su visado. «Me llevé un susto, porque tuvieron que chequearlo», recuerda. Salvado el momento, ya estaba en territorio americano. Dos horas de sueño y comenzó la tarea de encontrar piso. Álvarez es vecino del Upper East Side. «Es una zona con un gran número de población hispana», cuenta.

La experiencia está siendo de lo más positiva. «Ya los primeros días no paraba de pensar que este es el sitio en el que debo estar», dice. Y lo explica: «Nueva York es una ciudad de buscavidas, de trabajadores duros y de soñadores. Todos buscan algo, todo el mundo se deja la piel intentando conseguir aquello por lo que han venido aquí. Me siendo muy cómodo en una sociedad marcada por el esfuerzo y el trabajo duro para conseguir lo que quieres». Además, reconoce que la acogida ha sido maravillosa. «Ha habido gente que me ha visto con cara de perdido y me ha preguntado si necesitaba indicaciones, o personas en las paradas de bus que empiezan una conversación agradable», señala. En eso dice ver muchas similitudes con la gente de aquí, pese a estar en una gran ciudad. Y la hospitalidad solo crece cuando habla de la universidad.

Habla con entusiasmo del «mimo» del trato de la administración educativa. «Todas las semanas tenemos conciertos, master classes, conferencias...», cuenta. Días atrás, coincidiendo con el fin del semestre, la Universidad organizó una fiesta para los alumnos. Además, los profesores pronto han empezado a reconocerle. La razón está, cuenta sin ocultar que fue lo que más le llamó la atención, en la gran cantidad de estudiantes procedentes de China que hay. Así que en cuanto los docentes empezaron a pasar lista, pronto comenzaron a decirle «¿Eres Fabio verdad?». Y cuando él preguntaba si se conocían, la respuesta era fácil: «No, pero no tienes cara de Xiyue o Younkyung», relata.

Aunque Álvarez mira en positivo, también reconoce ciertos aspectos no tan fantásticos. «Lo más difícil ha sido la soledad del día a día», dice. «Es apasionante comenzar una nueva etapa, una gran experiencia como esta, pero también se hace duro no tener a tus seres queridos cerca. Siempre tienes morriña de tu familia, de tus amigos?», señala, para acto seguido añadir: «Estoy seguro de que me recibirán con los brazos abiertos cuando vuelva».

Sobre cuándo será el regreso, de momento el momentáneo será el próximo mes de julio. Aprovechará, reconoce, para disfrutar de lo que más echa de menos, su gente y la comida.

Vendrá para pasar el verano antes de volver a clase. Después, otro cursos más. ¿Y entonces? «Mi proyecto de futuro es finalizar el máster dentro de un año y medio, y entonces optar a una plaza para obtener el Doctoral of Musical Arts. Después quiero combinar la pedagogía con giras de conciertos», avanza.

conociendo la ciudad

En sus primeros meses en Nueva York, Fabio Álvarez ya ha visitado los lugares que todo turista (o nuevo residente) debe ver y las cosas que ha de hacer: subir al Empire State de noche, asistir a un partido de béisbol de los Yankees y a uno de baloncesto de los Knicks, o cruzar la bahía del Hudson para ver la Estatua de la Libertad. Ah, y, por supuesto, ver un musical en Broadway. ¡Espíritu neoyorquino a tope!

trayectoria vital

Oyendo a su madre. Escuchar a su madre tocar el piano despertó su curiosidad, así que con apenas seis años, Fabio Álvarez (A Pobra de Trives, 1988) ya empezaba a mover los dedos entre las teclas. Fue su primera maestra, antes de entrar en la escuela de música local. Con 17 años comenzó en el Conservatorio de Ourense y luego dio el salto a Musikene, en San Sebastián. A punto de finalizar sus estudios allí, hizo la prueba para entrar en la escuela de Nueva York. Eran 3.000 aspirantes, no fue fácil, pero lo logró. Aquel agosto de 2014 debería haber volado a la Gran Manzana, pero no fue posible porque no disponía de dinero para pagarse la matrícula y la manutención. Consiguió que le reservasen la plaza un año más, tiempo que dedicó a reunir todo el dinero posible. Una campaña de micromecenazgo y una beca llegada en el último momento -los donantes pueden verse en su web www.fabioalvarezpiano.com- le permitieron viajar, y desde este agosto vive su propio sueño americano.

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